Enero 15
“Gracia y paz a ustedes, de parte de Aquel que es y que era y que ha de venir, y de parte de los siete Espíritus que están delante de Su trono, y de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra”. Apocalipsis 1:4-5
¿Qué haces cuando tus convicciones cristianas y las circunstancias de tu vida parecen afirmar dos verdades diferentes? Este fue el enigma que enfrentaban los primeros lectores del libro de Apocalipsis. El último libro de la Escritura no fue escrito para confundirnos, sino para bendecirnos (Ap 1:3). No debemos considerarlo una colección de acertijos ni una especie de Cubo de Rubik teológico. En cambio, debemos entender que Juan estaba escribiendo a lectores dentro de un contexto histórico (creyentes del primer siglo que estaban siendo rechazados y perseguidos por las autoridades de su época) para ofrecer esperanza y seguridad.
El evangelio estaba siendo predicado y el pueblo de Dios estaba totalmente convencido de que, así como Jesús se había ido, regresaría también. Ellos creían que, como Señor y Rey, después de Su ascensión, Jesús estaba completamente en control de toda circunstancia y Su voluntad estaba siendo establecida en toda la tierra. Esta era su convicción. Sin embargo, cuando miraban sus circunstancias, estas no parecían cuadrar con sus convicciones. Ninguna de las cosas que afirmaban entre sí y que compartían con sus amigos y vecinos parecía estar sucediendo. Abundaban los burladores. De hecho, el apóstol Pedro ya había advertido a los creyentes: “En los últimos días vendrán burladores” que dirán: “¿Dónde está la promesa de Su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación” (2P 3:3-4).
Mientras que la iglesia era pequeña y estaba siendo asolada, los imperios humanos crecían en fuerza y en importancia. La persecución incrementaba en intensidad y el Maligno sin duda insinuaba a estos creyentes sufrientes que se habían tragado una gran mentira. Necesitaban que Jesús llegara y les diera Su perspectiva, de manera que sus problemas no los desanimaran, confundieran ni abrumaran. Necesitaban entender simplemente esto: que Jesús seguía siendo su Señor y Rey victorioso. Su resurrección de entre los muertos declaró Su integridad y Su autoridad. La vida y el futuro de las personas estaban seguros en Sus manos.
En un mundo que continúa oprimiendo al pueblo de Dios, el libro de Apocalipsis es exactamente lo que la iglesia actual necesita. Mientras la depresión económica, la privación material y los asuntos de moralidad y de identidad personal amenazan con destrozar la mente de hombres y mujeres, el mensaje de Juan nos recuerda que nuestra fe cristiana es suficiente para los retos y preguntas delante de nosotros. ¿Tus circunstancias te sugieren que quizá tus convicciones en cuanto a la fe podrían estar equivocadas? Descansa en esta certeza: Jesús resucitó, Jesús reina y, en última instancia, Jesús gana.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
