Octubre 6
La sana doctrina, [es] según el glorioso evangelio del Dios [feliz] (1 Timoteo 1:10-11).
Gran parte de la gloria de Dios es Su felicidad.
Para el apóstol Pablo, era impensable que a Dios se le negara el gozo infinito y aun así ser glorioso. Ser infinitamente glorioso también es ser infinitamente feliz. Pablo usó la frase “el glorioso… Dios [feliz]” porque es glorioso que Dios sea muy feliz. Él es infinitamente feliz.
La gloria de Dios reside en gran medida en que Su felicidad supera nuestra imaginación.
Este es el evangelio: “El glorioso evangelio del Dios [feliz]”. ¡Es una cita de la Biblia! Es una buena noticia que Dios sea gloriosamente feliz.
A nadie le gustaría pasar la eternidad con un Dios infeliz. Si Dios es infeliz, entonces el objetivo del evangelio no es un objetivo feliz, y eso significa que no sería evangelio para nada.
Pero, de hecho, Jesús nos invita a pasar la eternidad con un Dios feliz cuando dice: “Entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23). Jesús vivió y murió para que Su gozo, que es el gozo de Dios, estuviera en nosotros y para que nuestro gozo fuera completo (Juan 15:11; 17:13). Por tanto, el evangelio es “el glorioso evangelio del Dios [feliz]”.
La felicidad de Dios es, ante todo, felicidad en Su Hijo. Así que, cuando compartimos la felicidad de Dios, compartimos el mismo placer que el Padre tiene en el Hijo.
Por eso Jesús nos dio a conocer al Padre. Al final de Su gran oración en Juan 17, le dijo a su Padre: “Yo les he dado a conocer Tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos y Yo en ellos” (Juan 17:26). Jesús dio a conocer a Dios para que el placer de Dios en Su Hijo estuviera en nosotros y se convirtiera en nuestro placer en Él.
Devocional tomado del libro The Pleasures of God, páginas 26–27.
