Marzo 3
Con este fin también nosotros oramos siempre por ustedes, para que nuestro Dios los considere dignos de su llamamiento y cumpla todo deseo de bondad y la obra de fe con poder (2 Tesalonicenses 1:11).
Buscar el poder de Dios para cumplir nuestras buenas resoluciones no significa que no hayamos hecho realmente una resolución o que de verdad no estemos haciendo uso de la fuerza de voluntad.
¡El compromiso del poder de Dios nunca toma el lugar del compromiso de nuestra voluntad! ¡El poder de Dios en la santificación nunca nos hace pasivos! El poder de Dios se involucra debajo, detrás o dentro de nuestra voluntad, no en lugar de nuestra voluntad.
La evidencia del poder de Dios en nuestra vida no es la ausencia de nuestra voluntad, sino la fortaleza de nuestra voluntad.
Cualquiera que diga: “Bueno, yo creo en la soberanía de Dios y por tanto solo me quedaré sentado y no haré nada”, realmente no cree en la soberanía de Dios. ¿Por qué alguien que cree en la soberanía de Dios lo desobedecería tan abiertamente?
Cuando nos quedamos sentados y no hacemos nada, no es que no estemos haciendo nada, sino que, estamos activamente comprometiendo nuestra voluntad a la decisión de quedarnos sentados. Y si esa es la manera en que manejamos el pecado o la tentación en nuestra vida, estamos desobedeciendo abiertamente, porque estamos llamados a pelear una buena batalla (1 Timoteo 1:18), a resistir al diablo (Santiago 4:7), a buscar la santidad (Hebreos 12:14) y a hacer morir las obras de la carne (Romanos 8:13).
2 Tesalonicenses 1:11 dice que es por el poder de Dios que cumpliremos nuestras buenas resoluciones y nuestras obras de fe. Sin embargo, esto no anula el significado de la palabra resolución y de la palabra obra. Parte de todo el proceso de tener un caminar digno del llamado de Dios, es el compromiso activo de nuestra voluntad en la determinación de obrar con rectitud.
Si tenemos pecados que persisten en nuestra vida, o si continuamos siendo negligentes en hacer buenas obras simplemente porque hemos estado esperando a ser rescatados sin pelear ninguna batalla, estamos agravando nuestra desobediencia. Dios nunca aparecerá con poder en tu voluntad de ninguna otra manera que no sea por medio del ejercicio de esa voluntad; es decir, por medio de tus buenas resoluciones: intenciones, planes y propósitos.
Así que las personas que creen en la soberanía de Dios no deben tener miedo de comprometer su voluntad en la lucha por la santidad. “Esfuércense por entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos tratarán de entrar y no podrán” (Lucas 13:24). Esforcémonos solamente con la fe de que en nuestro esfuerzo y por medio de él, “Dios es quien obra tanto el querer como el hacer, para Su buena intención” (Filipenses 2:13).
Devocional tomado del sermón “God Glorified in Good Resolves”.
