Controversia o complacencia: dos pecados de la iglesia actual

Pablo advierte sobre dos actitudes igualmente peligrosas en la iglesia: la controversia y la complacencia. Las dos son pecado, y las dos están presentes en la iglesia hoy.
Foto: Pexels

La iglesia siempre ha tenido personas así en medio de ella. Siempre ha habido quienes adoptan una postura ofensiva respecto a su fe. Son personas que parecen no amar nada más que una buena pelea. Provocan conversaciones introduciendo palabras clave, con la esperanza de que alguien caiga en la trampa y se enrede en una discusión que saben cómo ganar. Enfrentan a unos cristianos contra otros y, en algunos casos, incluso logran ocupar posiciones de liderazgo con el objetivo de beneficiarse a costa de los demás.

Incluso en los días en que el apóstol Pablo viajaba de ciudad en ciudad para predicar el evangelio y plantar iglesias, aun entonces había personas con un deseo enfermizo de controversia (ver 1 Timoteo 6). En un momento, Pablo le escribió a Timoteo para advertirle específicamente sobre este tipo de personas. Las identificó como cristianos profesantes que sienten un amor especial por las discusiones sobre matices teológicos y que tienen una habilidad particular para provocar conflictos entre otros. Es un “don” demasiado común: el don del desaliento espiritual.

«La iglesia siempre ha tenido personas así, con una postura ofensiva ante su fe. / Foto: Envato Elements

Pero al leer 1 Timoteo y oír a Pablo advertir sobre estos amantes de la controversia, también escucho una segunda advertencia. Es una advertencia sobre otro tipo de persona que peca de manera muy distinta, pero no menos grave. Si de un lado de la ecuación está la controversia, del otro está la complacencia. Esto también es pecado y también es sumamente peligroso.

En 1 Timoteo, Pablo advierte sobre dos pecados opuestos: la controversia y la complacencia. / Foto: Jhon Montaña

El cristiano complaciente es aquel que tiene miedo de hablar incluso cuando la situación es grave y requiere atención urgente. Es aquel que se acobarda ante los hombres y prefiere no decir nada antes que arriesgarse a ofender a otra persona o a tomar partido. Permitiría que sus hermanos y hermanas cristianos se enfrentaran a riesgos espirituales en lugar de alzar la voz en defensa de la verdad. Al leer el Nuevo Testamento, parece posible, y tal vez incluso probable, que la tentación de Timoteo fuera la complacencia. Pablo sintió la necesidad de recordarle a Timoteo la importancia de tomar partido para proteger la pureza del evangelio y defender al pueblo de Dios.

El cristiano complaciente es aquel que tiene miedo de hablar incluso cuando la situación es grave y requiere atención urgente. / Foto: Lightstock

Al pensar en la controversia y la complacencia, me di cuenta de que, a mi manera y en diferentes contextos, soy propenso a ambas cosas. En la vida real y en las conversaciones cara a cara tiendo a la complacencia. El temor al hombre puede llevarme a sentir vergüenza, al punto de quedarme en silencio. Tengo que esforzarme por hablar con valentía cuando hay una controversia que debe abordarse o, lo que es peor, cuando hay personas polémicas a los que hay que reprender.

En determinados momentos, nos veremos tentados a entrar en contienda o caer en complacencia. / Foto: Lightstock

Sin embargo, soy un héroe detrás de mi teclado y tengo una tendencia natural a ser audaz y valiente, y si no tengo cuidado, francamente desagradable. Tengo que esforzarme por resistir la tentación de hablar sobre temas que no me conciernen y sobre los que no tengo por qué opinar.

La controversia y la complacencia: ambas están presentes en la iglesia actual. Lamentablemente, ambas están presentes también en mí.


Publicado originalmente en Challies.

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Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo BLOG ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 7000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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