Amor en San Valentín: 3 lecciones (contraculturales) del ministro que inspiró la leyenda

En medio del comercio de San Valentín, la historia del mártir histórico revela verdades eternas sobre el amor y el sacrificio cristiano.
Foto: Unsplash (Editada con IA)

El 14 de febrero se ha convertido en un fenómeno económico de proporciones globales. Según las proyecciones para este año, solo en Estados Unidos se estima que el gasto relacionado con esta festividad alcance los 29.100 millones de dólares, con un intercambio masivo de más de 145 millones de tarjetas de felicitación. Detrás de esta industria de corazones de peluche, chocolates y cenas románticas, la figura del hombre que dio nombre a la celebración parece haberse diluido en una narrativa comercial que prioriza el sentimiento pasajero sobre la convicción profunda.

Sin embargo, el Valentín histórico tiene mucho que decirle a la iglesia de hoy, y para escuchar su voz, debemos alejarnos de los escaparates y trasladarnos a la Roma del tercer siglo de nuestra era. El emperador Claudio II, conocido como “el Gótico” por sus feroces campañas militares contra los godos, reinó entre el 268 y el 270 d. C. Durante esos años, la fe cristiana era bastante perseguida, y en medio de la crisis, surgió un ministro llamado Valentinus. Su historia, aunque matizada por la tradición y las leyendas, ofrece una brújula para navegar en una cultura que ha distorsionado el significado del amor y el compromiso.

El 14 de febrero se ha convertido en un fenómeno económico de proporciones globales. Sin embargo, el Valentín histórico tiene mucho que decirle a la iglesia de hoy. / Foto: Unsplash

Así, revisemos tres lecciones acerca del amor en la vida del Valentín histórico:

Lección 1. Casarse implica ser contracultural

La historia de Valentín comienza con un acto de desobediencia civil motivado por una convicción espiritual. El emperador Claudio II, enfrentado a la constante necesidad de soldados para sus ejércitos, llegó a la conclusión de que los hombres solteros eran mejores guerreros porque no tenían ataduras familiares que los distrajeran o los hicieran temerarios. En consecuencia, emitió un decreto que prohibía temporalmente el matrimonio entre los jóvenes que podían enlistarse.

Valentín, reconociendo que el matrimonio es una institución divina, decidió desafiar la orden imperial. De manera clandestina, continuó uniendo a parejas bajo la bendición de Cristo. Esta resistencia no era un simple gesto de rebeldía política, sino una afirmación de que el diseño de Dios para la humanidad tiene prioridad sobre los intereses del Estado.

Posible busto del emperador Claudio II / Imagen: Dominio público

En nuestra época no enfrentamos una prohibición legal del matrimonio, pero la cultura contemporánea ha levantado barreras culturales igual de efectivas. Vivimos en una sociedad que impulsa a la mujer a buscar una independencia radical del hombre, priorizando el éxito profesional y la carrera por encima de la formación de un hogar. Paralelamente, la revolución sexual ha convencido a las masas de que el sexo es un bien de consumo que debe disfrutarse sin el compromiso legal o espiritual. Incluso entre los jóvenes creyentes, existe una tendencia a postergar el matrimonio indefinidamente, esperando alcanzar primero una estabilidad económica perfecta o una comodidad que la Biblia nunca promete.

No obstante, el matrimonio cristiano sigue siendo la mayor fuerza contracultural que existe. Es un diseño donde se refleja el misterio de la unión entre Cristo y Su iglesia. El apóstol Pablo lo describe así en Efesios 5:25-27:

Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a Sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada.

La Carta a los Efesios nos recuerda el amor sacrificial de Cristo por su Iglesia, una unión purificada y gloriosa que este diseño representa. / Foto: Unsplash

Cuando una pareja se casa hoy, anuncia al mundo las bondades del evangelio. Además, el hogar es el contexto donde vemos que la voluntad de Dios es la formación de discípulos. Deuteronomio 6:6-7 establece la responsabilidad del creyente con las generaciones venideras:

Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.

Valentín nos recuerda que el matrimonio no es un fin en sí mismo para la satisfacción propia, sino un medio de santificación y un llamado al servicio sacrificial. Su valentía frente al edicto imperial nos enseña que vale la pena esforzarse y sufrir por aquello que Dios ama, incluso cuando la cultura dominante decide perseguir o ridiculizar sus mandatos. Así, la celebración del 14 de febrero adquiere un peso distinto para el cristiano: no se trata de festejar un amor abstracto dictado por el mercado, sino de exaltar el diseño glorioso del matrimonio como el contexto perfecto para formar discípulos y reflejar el carácter de Dios en la tierra.

Cuando una pareja se casa hoy, anuncia al mundo las bondades del evangelio. / Foto: Unsplash

Lección 2. Amar implica sacrificio

Observemos ahora el desarrollo del tramo final de la vida de San Valentín. Tras ser descubierto celebrando bodas clandestinas, el ministro fue arrestado por las autoridades romanas. Y allí, en la precariedad de su encarcelamiento inicial, Valentín demostró que el amor cristiano no es una emoción pasiva.

Las tradiciones relatan que mientras estaba en prisión, oró por la hija ciega de su carcelero, Asterio. La joven se sanó, lo que llevó a la conversión de toda la familia al cristianismo. Otra leyenda cuenta que cortaba corazones de pergamino para dárselos a unos cristianos que se habían casado en secreto y ahora eran perseguidos, con el fin de recordarles los votos que habían hecho y el amor de Dios.

Aunque el emperador inicialmente mostró cierto aprecio por el carácter del ministro durante su encarcelamiento, la situación cambió drásticamente cuando Valentín intentó compartirle el mensaje de la salvación en Jesucristo. Debido a su negativa de abandonar su fe y su insistencia en predicar al César, fue condenado a muerte. Así, el 14 de febrero del año 269, Valentín fue ejecutado. Los relatos añaden que, antes de morir decapitado, le dejó una nota de despedida a la hija de Asterio firmada con la frase “de tu Valentín”, un gesto que buscaba consolarla y que, con el tiempo, dio origen a la tradición de las tarjetas.

Tras ser descubierto celebrando bodas clandestinas, Valentín fue arrestado por las autoridades romanas. / Imagen: Generada por IA

Estos actos, desde sus oraciones hasta la predicación del evangelio frente a un gobernador, eran expresiones de pastoreo en medio del sufrimiento. Valentín nos enseña que el amor verdadero se mide por lo que uno está dispuesto a perder por el bienestar eterno del prójimo. Este es el tipo de amor que vemos personificado en Cristo, tal como lo describe Filipenses 2:5-8:

Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Si el mundo celebra el amor como un sentimiento que busca recibir, el Valentín histórico nos recuerda que el amor cristiano es una entrega que busca dar, incluso cuando el costo es la propia vida.

Valentín nos enseña que el amor verdadero se mide por lo que uno está dispuesto a perder por el bienestar eterno del prójimo. / Foto: Envato Elements

Lección 3. Nuestro amor por nuestro cónyuge no debe ser nuestro máximo amor

Es vital distinguir entre los adornos de la leyenda y los hechos históricos comprobables. Lo que la historia registra con certeza es que existió un ministro llamado Valentín que fue decapitado en la Vía Flaminia por su fidelidad a Cristo. Y un hombre que entrega su cuello al verdugo antes que negar a su Señor demuestra poseer un amor que eclipsa cualquier afecto terrenal.

En la celebración moderna de San Valentín, el amor matrimonial o de pareja suele elevarse al estatus de un ídolo. Se nos enseña que sin una pareja no podemos estar completos. Pero el testimonio de los mártires dice lo contrario. Valentín no murió por defender el “amor” en un sentido abstracto; murió por amor a la Verdad encarnada. Michael A. G. Haykin, profesor de historia de la iglesia, lo expresa de manera precisa:

No hay nada inherentemente malo con las tradiciones comerciales modernas, pero el día de San Valentín es una buena fecha para recordar también que hay un amor que sobrepasa a todos los terrenales: nuestro amor por nuestro gran Dios y nuestro Salvador, Su amado Hijo divino, Jesús.

El testimonio de Valentín de Roma recuerda que el amor verdadero se expresa en fidelidad a Cristo hasta el final. / Foto: Lightstock

El 14 de febrero tiene un mensaje profundo tanto para los casados como para los solteros. El que no tiene un cónyuge no debe ver esta fecha con amargura, sino como un recordatorio de que su amor máximo ya ha sido correspondido en la cruz. Tenemos un evangelio por el cual miles de hermanos, como Valentín, han entregado sus vidas a lo largo de los siglos. El amor por un cónyuge es una bendición de la gracia de Dios, pero es un amor temporal. En cambio, el amor de Dios es eterno y es la única fuente de la cual debe beber un matrimonio saludable.

Celebrar San Valentín con una mirada histórica y bíblica nos obliga a rescatar el valor de la fidelidad. No se trata solo de regalar flores, sino de recordar que pertenecemos a una familia de creyentes que ha preferido el martirio antes que la apostasía. Que este día sirva para fortalecer los hogares en el compromiso sacrificial, pero sobre todo, para renovar nuestra lealtad al Señor, cuyo amor es el único que verdaderamente satisface el alma.

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David Riaño

David Riaño es editor general de BITE Project. Es parte del equipo plantador de la Iglesia Familia Fiel en Cajicá, donde también sirve en ministerios de enseñanza. Es Licenciado en Filología Inglesa y Magíster en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia. Disfruta tomar café y ver series con su esposa Laura.

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