Octubre 9
Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles. Sin embargo, para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios (1 Corintios 1:23-24).
Frente a la aterradora noticia de que hemos caído bajo la condenación de nuestro Creador y que Él, debido a Su justicia, está obligado a preservar el valor de Su gloria derramando ira eterna sobre nuestro pecado, se encuentra la maravillosa noticia del evangelio.
Esta es una verdad que nadie puede aprender de la naturaleza. La verdad del evangelio debe ser compartida con los vecinos, predicada en las iglesias y llevada por los misioneros.
La buena noticia es que Dios mismo ha decretado una manera de satisfacer las exigencias de Su justicia sin condenar a toda la raza humana.
El infierno es una forma de ajustar cuentas con los pecadores y defender Su justicia. Pero hay otra manera. Dios proveyó otra. Este es el evangelio.
La sabiduría de Dios ha ordenado una manera para que el amor de Dios nos libre de Su ira sin comprometer Su justicia. Esta es la solución: el evangelio. Permíteme repetirlo lentamente: la sabiduría de Dios ha establecido una forma para que el amor de Dios nos libre de Su ira sin comprometer Su justicia.
¿Y cuál es esta sabiduría? ¡La muerte del Hijo de Dios por los pecadores! “Predicamos a Cristo crucificado… poder de Dios y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1:23-24).
La muerte de Cristo es la sabiduría de Dios mediante la cual Su amor salva a los pecadores de Su ira, al tiempo que defiende y demuestra la justicia de Dios en Cristo.
