Octubre 7
“Pero este mismo Daniel sobresalía entre los funcionarios y sátrapas porque había en él un espíritu extraordinario, de modo que el rey pensó ponerlo sobre todo el reino. Entonces los funcionarios y sátrapas buscaron un motivo para acusar a Daniel con respecto a los asuntos del reino. Pero no pudieron encontrar ningún motivo de acusación ni evidencia alguna de corrupción, por cuanto él era fiel, y ninguna negligencia ni corrupción podía hallarse en él”. Daniel 6:3-4
Después de ser capturado y llevado en cautiverio a Babilonia, Daniel se convirtió en parte de un selecto grupo de jóvenes israelitas sobresalientes que fueron elegidos para ser parte de la corte del rey Nabucodonosor. Aunque fue llevado al exilio, se le dio un nombre diferente y se distanció por muchos kilómetros de la familiaridad y la familia, a través de todo esto Daniel propuso en su corazón que no se contaminaría con la comida y bebida del rey (Dn 1:12-16). Se destacó como un hombre íntegro en medio de la decadencia moral de su tiempo.
Daniel se distinguió dentro de la estructura de los gobiernos a los que sirvió por la calidad de su vida. Durante muchos años, su lealtad demostró ser incuestionable. Era un hombre de consistencia, la cual mostró a través de una sucesión de reinos. Tenía una extraordinaria capacidad para enfrentar y superar las dificultades, así como sabiduría dada por Dios que le permitió proporcionar consejos que alterarían el curso de la historia humana.
Si bien las posiciones gubernamentales que ocupaba Daniel eran susceptibles a la corrupción, se distinguió por decir no a todo tipo de deshonestidad. No fue negligente ni poco ético, ni hubo una brecha entre sus actividades públicas y su vida privada. Era intachable a los ojos de su prójimo. Incluso los colegas que estaban celosos y lo despreciaban debido a su carácter distintivo no podían encontrar motivo de queja.
Llenos de envidia, estos funcionarios finalmente decidieron conspirar contra Daniel. No les gustaba su compromiso inquebrantable a su Dios o el hecho de que ocupara una posición de poder. No podían manejar la forma en que mostró a lo largo de su vida una convicción inquebrantable con respecto al poder y la pureza de Dios. La vida santa a menudo trae ese tipo de desdén. Daniel fue incriminado no porque fuera un mal tipo, sino porque defendía la verdad. Amaba lo que Dios ama, y lo vivió.
¿Tu vida está marcada por una convicción similar? ¿Tus acciones declaran la verdad acerca de tu Dios? ¿Estás preparado para cultivar diligentemente una pasión por la integridad? ¿Estás más preocupado por obedecer a Dios que por lo que otros piensan de ti? Jesús advirtió a Sus seguidores que serían «vituperados y experimentarían persecución por Su causa» (Mt 5:11) incluso cuando vivieran de una manera que revelara y elogiara a su Padre (vv. 14-16). Vive con el tipo de devoción que Daniel tenía; sé inequívoco en tu compromiso de amar lo que Dios ama, y luego vívelo.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
