Octubre 5
Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: “Mía es la venganza, Yo pagaré”, dice el Señor (Romanos 12:19).
Todos hemos sido agraviados en algún momento. La mayoría, probablemente, han sido gravemente agraviados por alguien que nunca se ha disculpado ni ha hecho nada que sea suficiente para enmendar la falta.
Y uno de los grandes obstáculos para liberarse de ese dolor y esa amargura es la “justificada” convicción de que se debe hacer justicia, de que el tejido moral del universo se desmoronará si la gente puede salirse con la suya cometiendo agravios terribles y engañando a todos.
Ese es uno de los obstáculos para perdonar y dejar atrás el rencor. Aunque no es el único. También tenemos que lidiar con nuestro propio pecado, algo que es muy real.
Sentimos que simplemente dejar pasar la falta sería admitir que no se hará justicia. Entonces, no debemos dejarla pasar.
Así que nos aferramos a la ira y repetimos los hechos o las palabras una y otra vez con los sentimientos: no debería haber sucedido; no debería haber sucedido; estuvo mal; estuvo mal. ¿Cómo puede él (o ella) ser tan feliz cuando yo soy tan miserable? Esto está muy mal. ¡Está muy mal! No podemos pasarlo por alto. Y nuestra amargura empieza a envenenarlo todo.
Esta palabra en Romanos 12:19 es dada por Dios para quitarnos esa carga de encima.
“Nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios”. ¿Qué significa esto para ti?
Dejar la carga de la ira, dejar de alimentar tu dolor con sentimientos de haber sido agraviado, pasarlo por alto no significa que no se te haya hecho un gran mal. Pues sí que lo hubo.
Pero tampoco significa que no haya justicia. No significa que no serás reivindicado. No significa que simplemente se salieron con la suya. No lo hicieron.
Significa que cuando dejas caer la carga de la venganza, Dios la recogerá.
Esta no es una forma sutil de vengarse. Esta es una forma de dar la venganza a Aquel a quien le pertenece. Mía es la venganza, dice el Señor. Tú la dejas. Yo la recogeré. Se hará justicia.
Qué alivio tan glorioso. No tengo que llevar esta carga. Es como respirar hondo, quizás por primera vez en décadas, y sentir que ahora por fin puedes ser libre para amar.
Devocional tomado del sermón “Do Not Avenge Yourselves, But Give Place to Wrath”.
