Octubre 3
El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad (Éxodo 34:6).
Dios abunda en misericordia y verdad.
Hay dos imágenes que vienen a mi mente:
- El corazón de Dios es como un manantial inagotable del que brota amor y fidelidad en la cima de la montaña. Siglo tras siglo, el manantial sigue fluyendo.
- O, el corazón de Dios es como un volcán que arde tan caliente de amor que hace estallar la cima de la montaña y fluye año tras año con la lava del amor y la fidelidad.
Cuando Dios usa la palabra “abundante” (“en misericordia y verdad”), quiere que entendamos y sintamos que los recursos de Su amor son ilimitados. Puedes beber de este manantial de montaña todo el día, año tras año, generación tras generación, y nunca se seca.
Incluso podrías arriesgarte a decir que Dios es como un gobierno que simplemente imprime más dinero cuando es necesario. Inagotable, ¿verdad? Bueno, hay una diferencia. Dios tiene un tesoro infinito de amor dorado para cubrir todo el dinero que imprime. Ese gobierno está en un mundo de ensueño. Dios confía, de forma muy realista, en los recursos infinitos de Su deidad.
La existencia absoluta, la libertad soberana y la omnipotencia de Dios son la plenitud volcánica que explota en un desbordamiento de amor. La magnificencia absoluta de Dios significa que no necesita que llenemos alguna deficiencia que haya en Él. En cambio, Su infinita autosuficiencia se derrama en amor hacia nosotros, los pecadores, que lo necesitamos a Él y al don de Sí mismo en Jesús.
Podemos confiar en Su amor precisamente porque creemos en la absolutez de Su existencia, la soberanía de Su libertad y la inmensidad de Su poder.
Devocional tomado del sermón “The Lord, a God Merciful and Gracious”.
