Octubre 2
El Señor hace nulo el consejo de las naciones; frustra los designios de los pueblos. El consejo del Señor permanece para siempre, los designios de Su corazón de generación en generación (Salmo 33:10-11).
“Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place” (Salmo 115:3). La implicación de este pasaje es que Dios tiene el derecho y el poder de hacer lo que lo haga feliz. Eso es lo que significa que Dios es soberano.
Piensa en eso por un momento: si Dios es soberano y puede hacer lo que le plazca, entonces ninguno de Sus propósitos puede ser frustrado. “El Señor hace nulo el consejo de las naciones; frustra los designios de los pueblos. El consejo del Señor permanece para siempre, los designios de Su corazón de generación en generación” (Salmo 33:10-11).
Y si ninguno de Sus propósitos puede ser frustrado, entonces Él debe ser el más feliz de todos los seres.
Esta felicidad infinita y divina es la fuente de la que el cristiano (hedonista) bebe y anhela beber más y más.
¿Te imaginas cómo sería si el Dios que gobierna el mundo no fuera feliz? ¿Qué pasaría si Dios fuera dado a quejarse, a hacer pucheros y a la depresión, como el gigante de las habichuelas mágicas en el cielo? ¿Y qué tal si Dios estuviera frustrado, abatido, melancólico, desanimado y descontento?
Si eso fuera así, ¿podríamos decir junto a David: “Oh Dios, Tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de Ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua” (Salmo 63:1)? Lo dudo.
En ese caso, todos nos relacionaríamos con Dios como niños pequeños que tienen un padre frustrado, melancólico, desanimado y descontento. Que no pueden disfrutarlo. Solo pueden intentar no molestarlo, o tal vez intentar trabajar para él y ganarse algún favor.
Pero Dios no es así. Nunca está de mal humor por la frustración ni el desánimo. Y, como dice el Salmo 147:11: “El Señor favorece… a los que esperan en Su misericordia”. Así que el objetivo del hedonista cristiano no es evitar a este Dios, ni huir de Él, ni andar de puntillas por la sala para que Su mal humor no se convierta en ira. No, nuestro objetivo es esperar en Su misericordia. Correr hacia Él. Ser felices en Dios, deleitarnos en Dios, apreciar y disfrutar de Su compañía y favor.
