Septiembre 24
Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios (Hebreos 12:2).
Acaso, ¿el ejemplo de Jesús contradice el principio del hedonismo cristiano? Es decir, que el amor es el camino del gozo y que debemos elegirlo precisamente por esa razón, para no ser hallados renegando de la obediencia al Todopoderoso, resentidos por el privilegio de ser un canal de gracia o menospreciando la recompensa prometida.
Hebreos 12:2 parece afirmar con bastante claridad que Jesús no contradice este principio.
La mayor obra de amor jamás realizada fue posible porque Jesús buscó el gozo más grande imaginable, es decir, el gozo de ser exaltado a la diestra de Dios en la asamblea de un pueblo redimido: “Por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz”.
Al decir esto, el escritor desea dar a Jesús como ejemplo, junto con los santos de Hebreos 11, de quienes anhelan y confían tanto en el gozo que Dios ofrece que rechazan los “placeres temporales del pecado” (Hebreos 11:25) y escogen el maltrato para alinearse con la voluntad de Dios.
Por tanto, no es antibíblico decir que al menos parte de lo que sostuvo a Cristo en las horas oscuras de Getsemaní, fue la esperanza del gozo más allá de la cruz. Esto no disminuye la realidad ni la grandeza de Su amor por nosotros, porque el gozo en el que confiaba era el gozo de guiar a muchos hijos a la gloria (Hebreos 2:10).
Su gozo está en nuestra redención, que exalta la gloria de Dios. Compartimos el gozo con Jesús y Dios recibe la gloria.
