¿Está Dios en tu vida?

La vida cristiana no consiste en hacerle un espacio a Dios en nuestros planes, sino en encontrar nuestro lugar dentro de Su historia. ¿Está Dios en tu vida o estás tú viviendo en la vida de Dios?
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¿Está Dios en tu vida?

Espero que no. Y no lo digo por falta de respeto. Lo digo desde un punto de vista lógico. Si Dios está en tu vida, entonces tú eres el centro. Dios se convierte en un personaje secundario: útil, inspirador, al que a veces recurres cuando las cosas se desmoronan, pero que, en última instancia, está subordinado a tus planes, tus metas, tu historia. Y el cristianismo, sea lo que sea, no es un complemento para tu estilo de vida con buenos consejos morales.

La historia cristiana no se trata de que Dios encaje en tu vida. Se trata de que tú seas invitado a formar parte de la vida de Dios. Ese cambio puede parecer sutil, pero reorienta todo. Cambia la forma en que entendemos la fe, la obediencia, el sufrimiento, el gozo, la oración, la identidad… y sí, también cómo nos relacionamos con los demás. Cuando no entendemos esto, la vida cristiana se desmorona silenciosamente y se convierte en una forma de autogestión con lenguaje espiritual.

La historia cristiana no se trata de que Dios encaje en tu vida. / Foto: Unsplash

Una razón por la que esta confusión es tan común, es porque, con frecuencia, vemos el mundo, nuestras vidas e incluso nuestra fe a través de un lente equivocado. Y, para ser justos, esto no es del todo tu culpa. El enemigo no necesita reemplazar la verdad; solo necesita cambiarle el tamaño. Si le das a alguien el extremo equivocado de los binoculares, aún puede ver cosas reales, pero esas cosas están lejanas, borrosas y extrañamente insignificantes. Mientras tanto, lo que está más cerca (por lo general, el yo) llena todo el campo de visión.

Las cosas buenas se encogen. El ego crece.

La comodidad, la libertad, la tecnología y el éxito no son enemigos de la vida cristiana. Son regalos. Pero al ser redirigidos silenciosamente y mezclados con nuestro orgullo y nuestros deseos, empiezan a contar una historia diferente, una que se siente perfectamente razonable: esta es mi historia, y Dios está aquí para ayudarme a vivirla bien.

La historia cristiana se trata de que tú seas invitado a formar parte de la vida de Dios. / Foto: Unsplash

Nos inclinamos hacia esto porque somos seres centrados en nosotros mismos. Vivimos la realidad desde el centro de nuestra propia conciencia. Si a eso le sumas una cultura que refuerza constantemente el egocentrismo, el resultado es predecible. La mayoría de nosotros tiene comida, techo y un nivel de comodidad que casi todas las civilizaciones de la historia solo podían imaginar. Son bendiciones enormes, pero también hacen que sea muy fácil creer que somos reyes. No tiranos, solo gobernantes benevolentes de nuestros propios reinos cuidadosamente administrados.

Luego metemos en nuestros bolsillos dispositivos poderosos que amplifican la ilusión. Con un teléfono en la mano, puedes moldear tu identidad, controlar tu entorno, acceder a un sinfín de opciones y estar presente en todas partes al mismo tiempo, mientras sigues sintiéndote extrañamente solo. Te susurra el credo moderno: eres autónomo; tienes el control; puedes ser quien quieras. No necesitas corona.

Lamentablemente, vivimos la realidad desde el centro de nuestra propia conciencia. / Foto: Unsplash

Ahí está la ironía. Nunca nos hemos sentido más poderosos, y nunca hemos estado más ansiosos. La depresión, la ansiedad y el suicidio están en máximos históricos. Si la autonomía fuera la clave para la plenitud humana, esto sería difícil de explicar. Pero la explicación está más cerca de lo que creemos. Cuando esperas ser el centro del universo, la realidad se vuelve insoportable en el momento en que se te resiste. Los límites empiezan a parecer opresivos. El sufrimiento se siente injusto. Los demás se ven como obstáculos. Incluso Dios empieza a parecer un estorbo.

Algunos han llegado tan lejos por este camino que creen que la realidad misma debe ceder, no solo las circunstancias, sino incluso la naturaleza humana. El mundo aplaude, te dan reconocimiento y, sin embargo, algo más profundo se rompe. El alma no puede sobrevivir mucho tiempo siendo su propio dios. Nunca fuimos diseñados para cargar con ese peso.

La realidad no gira en torno a ti. Dios es el autor y el protagonista de la historia.

La historia cristiana empieza con una corrección necesaria. La realidad no gira en torno a ti. Dios es el autor y el protagonista de la historia. Eso puede parecer una mala noticia hasta que te das cuenta de algo asombroso: Dios te quiere en la historia, intencionalmente. No como un accesorio o un extra, sino como un participante amado. El cristianismo no borra el yo; lo coloca donde realmente pertenece.

Así que la mejor pregunta no es: “¿Está Dios en mi vida?”. La mejor pregunta es: “¿Estoy yo en la vida de Dios?”. Y cuando encuentres tu lugar ahí, cuando salgas de la agotadora ilusión de la realeza y entres en la realidad de la filiación, ahí es donde realmente empieza la libertad. No la libertad de gobernar la realidad, sino la libertad de vivir correctamente, con gozo y seguridad dentro de ella.


Publicado originalmente en Stand to Reason.

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Tripp Almon

Tripp Almon es coordinador de avanzada y conferencista en Stand to Reason. Es de Newnan, Georgia (justo al sur de Atlanta) y ahora vive en Colorado con su esposa, Megan, y sus hijos. La pasión de Tripp por enseñar a estudiantes de todas las edades sobre teología cristiana, cosmovisión y apologética viene en gran parte de haber crecido en un hogar cristiano y luego haber luchado mucho contra la avalancha de ideas culturales que lo inundaron al ingresar a una universidad laica. Por gracia, esa experiencia le enseñó que el cristianismo no solo se mantiene firme en el mercado de las ideas, sino que se destaca con fuerza. Antes de unirse a Stand to Reason en 2025, Tripp, quien fue gimnasta de élite, fue entrenador de gimnasia durante más de dos décadas. Trabajó como pastor durante 10 años y fue director del programa Gap Year de Summit Ministries durante siete años. A Tripp le encanta cuando él y su esposa, Megan, pueden hablar y servir juntos en eventos.

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