Momentos con mi padre y mi hijo: meditaciones sobre la eternidad

Una historia que une la memoria de un padre y un hijo con el peso de pérdidas repentinas y la certeza serena de que la eternidad guarda un reencuentro.
Foto: Envato Elements

Tengo muchos buenos recuerdos de mi padre, recuerdos acumulados a lo largo de los 43 años que compartimos en esta tierra. Tengo buenos recuerdos a causa de los primeros veintiún años cuando vivía en su casa y lo veía casi todos los días. Recuerdo cuando me llevaba al antiguo Exhibition Stadium para ver jugar a los Blue Jays. Recuerdo cuando hicimos un viaje juntos en carro, solo nosotros dos cruzando Georgian Bay hasta la isla de Manitoulin. Recuerdo levantarme temprano en la mañana y encontrar que él ya estaba despierto, leyendo su Biblia y pasando tiempo a solas con el Señor. Recuerdo esto y muchas otras cosas más.

Después, tengo buenos recuerdos de los 23 años de vida posteriores a haberme casado y mudado, y después de que él y la familia se fueron de Canadá para vivir en el sur de Estados Unidos. Desde entonces, nuestras visitas se hicieron menos frecuentes, pero no menos significativas. Recuerdo su gozo en aquellas raras ocasiones en que toda la familia podía estar junta, la colección entera de hijos y nietos bajo un mismo techo. Recuerdo mirar desde muchos púlpitos y plataformas de conferencias y ver su rostro entre la multitud. Recuerdo las notas y cartas que me enviaba en momentos importantes o después de eventos significativos.

Los recuerdos de un padre no se borran con el tiempo; se transforman en gratitud y en huellas que acompañan toda la vida. / Foto: Unsplash

Pero mi recuerdo favorito de todos es el último  de todos. En junio de 2019 papá cumplió setenta años y la familia le hizo una fiesta sorpresa para conmemorar la ocasión. Recorrí el largo trecho desde Toronto hasta la casa de mi hermana en Georgia para ser parte de la fiesta. Fue una tarde maravillosa que pasé con amigos y familiares, los cuales se habían reunido para honrar a papá por haber alcanzado una etapa significativa de su vida. Aunque hablé con él por teléfono después de ese día, en realidad, no volví a verlo otra vez y no formé ningún otro recuerdo duradero. Solo unos pocos meses después, se desplomó en el suelo y murió en un momento inesperado, pero de la manera exacta como él quería: con tierra en sus manos.

A veces no sabemos que estamos viviendo el último recuerdo hasta que el tiempo lo convierte en tesoro. / Foto: Envato Elements

Unos pocos meses después de que mi padre se fue al cielo, mi hijo se fue al cielo también. Han pasado años desde la última vez que vi a Nick, muchos años desde que lo dejé en el Southern Seminary y vi cómo se iba del brazo con la mujer que pronto sería su prometida. Aunque después de ese momento hablamos con frecuencia por teléfono, y aunque a veces por videollamadas, no volví a verlo otra vez antes de que él también colapsara y muriera en un momento inesperado y de una manera que nunca hubiéramos imaginado.

Nick Challies (2000-2020). / Foto: Cortesia de Tim Challies

Después de esas dos pérdidas dolorosas, con frecuencia me encuentro pensando en el último cumpleaños de mi papá y en mi último recuerdo. Aunque había decidido hacer ese viaje largo, la familia había decidido no decirle a papá que yo iba a ir a verlo. Debido a los horarios de los vuelos, no pude llegar hasta una o dos horas después de que empezaran las festividades. Papá estaba junto a la piscina cuando llegué, hablando con un amigo. Me vio, parpadeó sorprendido y su rostro se iluminó de gozo, el gozo de un padre sorprendido y encantado de ver a su hijo. Fue un momento especial.

La sorpresa, el gozo en los ojos de un padre y ese abrazo inesperado se convierten en una promesa silenciosa de que un día todo lo que hoy duele será restaurado. / Foto: Envato Elements

Fue un momento especial que, a su manera, me señala otro momento especial; porque papá en su cumpleaños, sin saberlo, presagió el gozo que experimentaré cuando al final vuelva a ver a mi Nick: el gozo puro, dulce y no adulterado de un Padre cuyo corazón ha anhelado al hijo que ama, al que extraña y al que tanto desea ver, abrazar, sostener y disfrutar. El deleite que brilló en sus ojos, la sonrisa que apareció en su rostro y las lágrimas que brillaron en sus ojos, todo apunta a un tiempo futuro cuando lo que está roto será restaurado, lo que es doloroso será aliviado, lo que ha sido separado se volverá a unir; un tiempo en el que hijo y padre, y padre e hijo, se reunirán, nunca más se separarán, nunca más estarán de duelo.


Publicado originalmente en Challies.

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Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo BLOG ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 7000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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