Febrero 4
Antes que fuera afligido, yo me descarrié, pero ahora guardo Tu palabra (Salmos 119:67).
Ese versículo muestra que Dios envía aflicción para ayudarnos a aprender Su Palabra. ¿Cómo funciona eso? ¿Cómo la aflicción nos ayuda a aprender y obedecer la Palabra de Dios?
Hay muchas respuestas, así como un sinfín de experiencias de esta gran misericordia. Pero aquí hay cinco:
1. La aflicción termina con la trivialidad y frivolidad de la vida y nos hace más serios, de manera que nuestra mente esté más acorde con la seriedad de la Palabra de Dios. Y marca esto: no hay ni una página trivial o frívola en el libro de Dios.
2. La aflicción nos quita los apoyos mundanos y nos obliga a confiar más en Dios, lo que nos pone más en sintonía con el objetivo de la Palabra. El objetivo de la Palabra es que esperemos en Dios y confiemos en él. “Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza” (Romanos 15:4). “Estas [cosas] se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios” (Juan 20:31).
3. La aflicción nos hace escudriñar las Escrituras con mayor desesperación para obtener ayuda, en lugar de darle un lugar marginal en la vida. “Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón” (Jeremías 29:13).
4. La aflicción nos lleva a compartir el sufrimiento de Cristo de manera que tengamos comunión íntima con Él y estemos prontos a ver el mundo a través de Sus ojos. El gran anhelo del corazón de Pablo era “conocerlo a Él, el poder de Su resurrección y la participación en Sus padecimientos, llegando a ser como Él en Su muerte” (Filipenses 3:10).
5. La aflicción mortifica los deseos carnales engañosos y distractores, y así nos lleva a un estado más espiritual y nos hace receptivos a la Palabra espiritual de Dios. “Por tanto, puesto que Cristo ha padecido en la carne, ármense también ustedes con el mismo propósito, pues quien ha padecido en la carne ha terminado con el pecado” (1 Pedro 4:1). El sufrimiento tiene un gran efecto para hacer morir el pecado. Y cuanto más puros seamos, más claramente veremos a Dios (Mateo 5:8).
Que el Espíritu Santo nos dé la gracia para que no aceptemos de mala gana la pedagogía de Dios.
Devocional tomado del artículo “God’s Painful Exegetical Help”.
