Febrero 14
“Había en Damasco cierto discípulo llamado Ananías; y el Señor le dijo en una visión: ‘Ananías’. ‘Aquí estoy, Señor’, contestó él”. Hechos 9:10
Todos los días, estás moldeando tu reputación. Y, como cristiano, todos los días también estás moldeando la reputación de Cristo. ¿Qué dice nuestra vida sobre Cristo en nuestro caminar como discípulos Suyos?
Puede que Ananías sea un personaje bíblico poco conocido, pero tuvo una profunda influencia en la vida de Pablo y, por lo tanto, en toda la historia de la iglesia. Esto resultó de su fidelidad diaria y devota como discípulo de Cristo. Tres rasgos de su discipulado pueden ayudar a moldear nuestro carácter y compromiso con Cristo a medida que buscamos ser usados en el reino de Dios.
Primero, Ananías era un “cierto discípulo”: uno que había sido escogido de manera específica. Aún antes de llevar a Saulo (Pablo) a Damasco o de llamar a Ananías, Dios había determinado de manera soberana que la expansión de la iglesia después de Pentecostés en Jerusalén llegaría al menos a 320 km al norte hasta Damasco, donde un grupo de creyentes, donde estaba Ananías, se estableció. Luego, de este grupo, Dios escogió a Ananías para buscar a Pablo después de su conversión. Esta profunda demostración de la soberanía de Dios debería alentarnos a confiar en que Dios puede obrar de maneras que todavía no vemos para prepararnos y usarnos para cumplir Su voluntad.
Segundo, Ananías era un discípulo valiente. Él se identificó como seguidor del Señor, como parte de ese grupo precioso en Damasco al que Pablo estaba en camino de perseguir antes de su conversión (Hch 9:11). La lealtad de Ananías no era simplemente a una iglesia local, a una denominación o a un punto de vista teológico, sino al Señor Jesucristo mismo. De manera similar, si Jesús ha tomado el control de nuestra vida y nos ha transformado, entonces tampoco podemos quedarnos esta verdad transformadora para nosotros. Así como decimos no al pecado cuando recibimos la salvación de Cristo, debemos decir no a mantener nuestra fe en secreto. O bien nuestro discipulado destruirá nuestra discreción, o nuestra discreción destruirá nuestro discipulado.
Tercero, Ananías era un discípulo comprometido. Más adelante, Pablo recordaría a Ananías como un “hombre piadoso según las normas de la ley, y de quien daban buen testimonio todos los judíos que vivían” en Damasco (Hch 22:12). Una reputación como esta no se consigue en cinco minutos, ni siquiera en cinco días, sino lentamente, con el ir y venir de la vida. Ananías había desarrollado tal reputación al comprometer toda su vida a seguir a Dios y Su Palabra, un compromiso que seguramente demostraba en sus transacciones diarias e interacciones con otros.
La vida de Ananías nos reta a ser fieles de maneras aparentemente pequeñas, en días que parecen ordinarios. Quizás, algún día seremos llamados a hacer algo extraordinario para el Señor, pero no debemos esperar hasta entonces para vivir con todo nuestro corazón para Él. Esto es lo que los discípulos hacen: buscan a Dios con valentía, devoción y humildad y confían en Él por completo. Ya sea que estés en medio de tus estudios, en la etapa de la crianza de los hijos, ejerciendo tu carrera o de cara al retiro y a la vejez, busca hacerlo todo con fidelidad para la gloria de Dios. Que tu objetivo sea ser conocido simplemente como Ananías lo fue: como un discípulo de Jesucristo.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
