Quiero terminar bien para la gloria de Dios

La meta no es solo comenzar bien, sino perseverar hasta el final.
Foto: Envato Elements

Cumplir cincuenta me golpeó con fuerza. De alguna manera, se sintió muy distinto a cumplir cuarenta. Aquello de estar “del otro lado de la colina” se parecía bastante a cualquier otro año, con la vida y el ministerio avanzando con la misma constancia de siempre. Pero los cincuenta me detuvieron en seco con la clara conciencia de que, muy probablemente, estoy entrando en el último tercio de mi vida. ¿Cuánto tiempo más tendré para vivir y servir al Señor? ¿Veinticinco años? ¿Veinte? ¿Menos? Solo Dios lo sabe, pero este hito me llevó a dar un paso atrás y considerar una pregunta vital: ¿qué significa terminar bien con los años que el Señor me confíe?

Sin dar nada por sentado

Incluso un examen superficial de la Palabra de Dios revela que terminar bien no debe darse por sentado. J. Robert Clinton, exprofesor de liderazgo en el Seminario Teológico Fuller, estimó que solo el treinta por ciento de los líderes del Antiguo Testamento terminaron bien. No pretendo discutir la precisión de su estimación. Si acaso, ese porcentaje parece un poco alto.

La vida no es infinita y terminar bien no está garantizado. / Foto: Envato Elements

Después de haber atravesado a salvo el diluvio en un arca construida por fe, Noé parece haberse relajado al final de su vida, cayendo en la embriaguez pecaminosa y en una vergonzosa desnudez (Gn 9). Lot comenzó bien, dejando todo lo conocido en Ur para seguir a su tío Abraham hacia una tierra desconocida. La Biblia cierra el telón sobre su vida, mostrándolo ebrio y arruinado en una cueva, y cometiendo incesto con sus dos hijas paganas (Gn 19). Aarón estuvo junto a su hermano Moisés frente al faraón, hablando en nombre de Dios. Se convirtió en el primer sumo sacerdote de Israel. Pero también condujo al pueblo a la idolatría y participó en una rebelión contra su propio hermano (Ex 32; Nm 12).

Saúl, el primer rey de Israel, comenzó bien. Obtuvo varias victorias militares confiando humildemente en Dios y parecía deseoso de agradar a Samuel. Pero terminó desperdiciando gran parte de su reinado en una persecución celosa contra David, hasta suicidarse en batalla después de haber consultado a una médium (1S 31). Salomón fue inmensamente bendecido por Dios con sabiduría, riqueza y prosperidad. Construyó el templo, escribió innumerables proverbios e inauguró la edad de oro de Israel. Sin embargo, se casó con muchas mujeres extranjeras que desviaron su corazón de Dios (1R 11). Y así continúa la historia.

Terminar bien no está garantizado, y la historia bíblica lo demuestra, así que cada año cuenta para perseverar y servir con fidelidad hasta el final./ Foto: Lightstock

Pocos terminan con fuerza

¿Cuál es el punto? A la luz de la vida de estos hombres del pasado que comenzaron con tanta promesa, no debemos asumir que permaneceremos fieles a Dios a lo largo de toda nuestra vida. Gary Ryan Blair tenía razón al decir que “muchos empiezan rápido; pocos terminan con fuerza”. Yo quiero ser uno de esos pocos. Pero ¿cómo es eso posible? El autor de Hebreos nos lo dice: “Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios” (Heb 12:1-2).

La meta no es solo arrancar bien, sino perseverar hasta el final. / Foto: Unsplash

Nuestra esperanza para terminar bien

Jesús es el ejemplo supremo de lo que significa terminar bien. Y también es la única esperanza que tenemos para terminar bien nosotros mismos. La motivación que permitió a Jesús soportar la cruz fue “el gozo puesto delante de Él”. Ese gozo lo llevó a “[despreciar] la vergüenza”. Dios Padre, autor del glorioso plan de salvación establecido antes de la fundación del mundo, puso ese gozo mayor delante de Jesús. Lo hizo tanto para nuestro beneficio como para Su gloria. Así, Jesús miró más allá del dolor, del pecado y del sufrimiento, y vio la bendición eterna que Su muerte traería a mí y a incontables pecadores desesperados e indefensos. Nada pudo apartarlo de ese objetivo. Perseveró hasta el final (Jn 19:30).

Y porque Jesús perseveró, yo también puedo perseverar. Puedo seguir corriendo la carrera. No solo comenzar bien, sino terminar con fuerza. Los corredores llaman a esto “cruzar la línea de meta corriendo”. La forma en que se termina determina la calidad de la carrera, no solo la manera en que se comienza. Sí, quizás se tenga que ajustar el ritmo en el último tercio de la vida, pero es posible seguir corriendo, entregándolo todo hasta el final, no por aplausos, sino para la gloria de Dios.

Nuestra esperanza para terminar bien no nace de nuestra fuerza, sino de Jesús. / Foto: Unsplash

Otros sí terminaron bien

Para nuestro ánimo, Dios nos ha dado ejemplos de personas que sí terminaron bien. Son personas como nosotros, que tropezaron y fallaron, pero que aun así perseveraron. Personas como Job, Abraham, José, Moisés, Josué, Caleb, Rut, Daniel y Pablo. Escribiendo bajo inspiración, Pablo dejó constancia de sus pensamientos acerca de terminar bien: “Porque yo ya estoy para ser derramado como una ofrenda de libación, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe” (2Ti 4:6-7). Pablo terminó la carrera.

Yo no soy Pablo. Y ciertamente no soy Jesús. Pero me aferro a la esperanza de que yo también terminaré bien. Mi esperanza no descansa en algún rasgo especial que posea ni en un alto grado de compromiso que reclame tener. No, al final de todo, terminar bien depende, en última instancia, de Dios. Puedo tener ánimo porque Dios siempre termina lo que comienza: “Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (Fil 1:6). Así que enfrento el último tercio de mi vida con una esperanza confiada de que Dios me ayudará a terminar bien… para Su gloria.


Publicado originalmente en Rooted Thinking.

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Matt Collier

Matt Collier creció en The Wilds Christian Camp en Carolina del Norte y fue desafiado a servir al Señor en misiones después de pasar un verano en Australia tras su segundo año de universidad. Ha dedicado la mayor parte de su vida a la educación bíblica, llegando eventualmente a obtener un doctorado en ministerio en estudios pastorales. Su corazón por las misiones internacionales lo llevó a asociarse con The Wilds para fundar en 2001 el ministerio CampsAbroad. Desde entonces, el ministerio ha enviado a 170 equipos distintos a 60 países repartidos en todos los continentes habitados. Matt siente pasión por ayudar a las iglesias locales a llegar al corazón y la mente de los adolescentes por medio del campamento cristiano. Matt se desempeñó como pastor principal de Bethany Baptist Church en Brevard, Carolina del Norte, durante 14 años antes de convertirse en presidente de la Wilds Association en 2020.

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