Conocer y amar al Cristo que nunca cambia

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos, y esa verdad sostiene una fe completa. ¿Cómo transforma esto tu teología, tu salvación y tu relación diaria con Él?
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En arquitectura e ingeniería, el triángulo es conocido por su resistencia inigualable. Cada lado sostiene a los demás. Si se quita uno, la estructura se derrumba.

Lo mismo ocurre en la vida cristiana. Una fe sana y duradera se basa en la unidad inquebrantable de la doctrina cristiana. Creo que podemos ilustrar esto con Hebreos 13:8. Quiero considerar tres verdades esenciales de este texto, recordando que los tres lados son necesarios para un cristianismo bíblico, sano y vibrante.

Veamos juntos estas tres verdades:

1. Verdad teológica: “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos”

Esta es una afirmación teológica fundamental. Abre cualquier libro bueno de teología sistemática en la doctrina de la inmutabilidad de Dios y encontrarás citado la Hebreos 13:8. Declara que Cristo, Dios Hijo, es inmutable, es decir, nunca cambia.

No es la primera vez que Hebreos plantea este argumento. En el capítulo 1, Dios habla del Hijo utilizando el Salmo 102, afirmando que Sus años no tienen fin. Se trata de un salmo sobre Yahvé, y el autor lo aplica a Cristo.

Abre cualquier buen libro de teología sistemática y encontrarás la verdad fundamental de Hebreos 13:8, que Jesucristo, Dios Hijo, es inmutable y nunca cambia. / Foto: Lightstock

Jesús es Dios. Verdaderamente. Eternamente. Inmutablemente. Hebreos 13:8 es una verdad teológica inquebrantable sobre la que vale la pena meditar durante horas. ¡Jesucristo es el Señor soberano!

Pero por el bien de este artículo, seguimos adelante…

2. Verdad soteriológica: “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos”

Hebreos destaca la superioridad de Cristo y revela que Él siempre ha sido la clave de la salvación. Esto queda claro en Hebreos 4:2: “…a nosotros se nos ha anunciado las buenas nuevas, como también a ellos”, refiriéndose a la generación del desierto. Hebreos 11 afirma que los santos del Antiguo Testamento fueron salvos por la fe en las promesas de Cristo.

Por eso la Segunda Confesión de Fe Bautista de Londres de 1689, en el capítulo 8, párrafo 6, cita Hebreos 13:8. Esto es lo que dice:

Aunque el precio de la redención no fue pagado realmente por Cristo hasta después de Su encarnación, sin embargo, la virtud, la eficacia y el beneficio de la misma fueron comunicados a los elegidos de todas las épocas, sucesivamente desde el principio del mundo, en y por medio de aquellas promesas, tipos y sacrificios en los que Él fue revelado y señalado como la simiente que aplastaría la cabeza de la serpiente; ⁠⁠ y el Cordero inmolado desde la fundación del mundo,⁠⁠ siendo el mismo ayer y hoy y por los siglos.⁠

Hebreos destaca la superioridad de Cristo y revela que Él siempre ha sido la clave de la salvación. / Foto: Jhon Montaña

Este versículo no es meramente teológico, sino que forma parte del pacto. Es la base de nuestra comprensión de cómo Dios salva a los pecadores.

El Hijo de Dios tomó carne humana. Nació bajo la ley. El mejor Adán. El Israel perfecto. Cada sombra, cada sacrificio, cada fiesta apuntaba a Él.

Él ofreció un sacrificio para siempre. Él soportó la ira de Dios. Él resucitó de entre los muertos. Él ascendió al cielo y se sentó. Él ha perfeccionado a Su pueblo para siempre.

Este es el evangelio. Y es el mismo ayer y hoy y por los siglos. Dios siempre ha salvado y solo salva a los pecadores por la obra de Jesucristo.

El Hijo de Dios cumplió cada promesa y consumó una salvación eterna. / Foto: Lightstock

Una revisión

Aquí hay tres aplicaciones rápidas de estos dos primeros encabezados. Debido a que Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos, podemos estar seguros de que:

  • La Palabra de Dios no cambia: es inmutable, como su Autor. Las Escrituras no pueden ser quebrantadas.

  • La Biblia cuenta una historia coherente: 66 libros con un mensaje unificado: Cristo salva a los pecadores.

  • La doctrina de la iglesia no evoluciona: no adaptamos la verdad a la cultura. Aplicamos la misma teología y metodología a todas las épocas.
Porque Jesucristo no cambia, su Palabra es firme, su mensaje es uno y su verdad permanece. / Foto: Unsplash

Ahora llegamos al tercer lado del triángulo. Hemos visto lo teológico y lo soteriológico. Pero aquí es donde dedicaremos más tiempo:

3. Verdad experiencial

Una traducción literal de este versículo no tiene verbo. Todo el énfasis está en el sujeto: “Jesucristo, el mismo ayer y hoy y por los siglos”.

Esto no es solo algo para poner en un libro de teología. Es algo que Dios debe escribir en tu corazón.

Es cierto que hoy en día muchas iglesias tratan de predicar una relación con Jesús sin doctrina, un triángulo unilateral. Pero, lamentablemente, también es cierto que muchos en el mundo reformado defienden la teología y la soteriología, pero carecen de comunión experiencial con Cristo, un triángulo bilateral que deja el corazón impasible. Es un calvinismo frío y clínico.

Imagina que un equipo de científicos descubre la cura para el cáncer. Tú la estudias. La admiras. Escribes ensayos sobre ella. Pero si nunca la tomas… pereces.

Cristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. Esa verdad debe experimentarse y no solo explicarse.

Algunas iglesias enfatizan la relación con Jesús sin doctrina, y otras defienden la teología sin una comunión viva con Cristo. / Foto: Lightstock

Permíteme dar ocho realidades experienciales que fluyen de Hebreos 13:8:

1. Confianza

La justicia de Cristo es permanente. ¿Confías en Él? Si es así, Su justicia se acredita irrevocablemente en tu cuenta.

Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia, para recibir misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Lee estas palabras de John Bunyan cuando esto le impactó y se convirtió en cristiano. Él escribe: “Vi… que no era mi buen estado de ánimo lo que mejoraba mi justicia, ni tampoco mi mal estado de ánimo lo que la empeoraba; porque mi justicia era Jesucristo mismo, el mismo ayer y hoy y por los siglos…”.

Acerquémonos con confianza al trono de la gracia. / Foto: Lightstock

2. Comunión

Jesucristo es el mismo. Ayer y hoy y por los siglos. Esto no es solo una verdad teológica. Es una verdad experiencial destinada a alimentar tu comunión con Él.

Él no tiene cambios de humor. Su actitud no cambia con las noticias o con una mala noche de sueño. Comunícate con Él. Comunícate con el Dios trino por medio de Él.

Nunca hay un lugar o un momento en el que no puedas orar a Dios por medio de Él. Las tiendas cierran. Los gobiernos cierran. Los amigos apagan sus teléfonos. Pero la puerta del cielo siempre está abierta para que el pueblo de Dios se comunique con Él por medio de Cristo en oración.

Comunícate con Él en Su Palabra. Abre las Escrituras y escucha Su voz. Él no cambia. No dice una cosa ayer y cambia de opinión hoy. Confía en Su Palabra.

Comunícate con el Dios trino por medio de Cristo. / Foto: Lightstock

3. Consuelo

Echa toda tu ansiedad sobre Él, porque Él se preocupa por ti.

No tienes que cargar con tus miedos. El mismo Cristo que llevó tus cargas ayer las llevará hoy y mañana. El amor que Cristo tiene por ti nunca ha cambiado, y nunca lo hará.

4. Contrición

La visión de Cristo sobre el pecado no ha cambiado. Arrepiéntete rápidamente. ¿Por qué aferrarte al pecado que Él ya ha vencido?

Él es el mismo ayer y hoy y por los siglos.

La inmutabilidad de Jesús debería hacernos mortificar nuestros pecados con mayor rapidez.

El mismo Cristo que llevó tus cargas ayer las llevará hoy y mañana. / Foto: Lightstock

5. Satisfacción

A veces la vida no sale como tú quieres. El dolor es real. La tristeza es real. La decepción es real. Pero Jesucristo es suficiente. Él es tu porción. Él es tu alegría, incluso cuando los sueños mueren y los planes se desmoronan.

Realmente puedes estar satisfecho en Cristo. Él es suficiente ayer. Él es suficiente hoy. Él es suficiente para siempre.

6. Valor

Los hombres cambian. Son corruptibles. Efímeros. Deja de fijarte en el hombre, en cuya nariz está el aliento. Tú sirves a un Cristo inmutable. El Señor está de mi lado; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?

La iglesia vive con demasiada frecuencia con miedo. ¿Qué pensará la comunidad? ¿Qué pensará el gobierno? ¿Qué pensará mi familia?

Consideremos mejor: ¿qué piensa nuestro exaltado Rey?

Él está sentado por encima de nosotros. Pero no solo por encima de nosotros. Por encima de todo principado, autoridad, poder y dominio, y de todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero. Y todo lo sometió bajo Sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que lo llena todo en todo.

Este es el Cristo soberano e inmutable. Ni un solo cabello de tu cabeza será dañado sin Su decreto. Seamos valientes en Él.

Tú sirves a un Cristo inmutable. / Foto: Lightstock

7. Compromiso

Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. Su compromiso es inmutable.

Está comprometido con la gloria de Dios. Está comprometido con la edificación de Su iglesia. Está comprometido con la expansión de Su reino.

¿Amas y sirves a este Rey?

Entonces, lo que Él se ha comprometido a hacer, nosotros también nos comprometemos a hacerlo.

¿Qué pasa si tu teología es correcta y tu soteriología es correcta, pero no estás comprometido con la iglesia? Entonces has perdido. (Y, yo diría, ¡tu teología y tu soteriología no son del todo correctas!).

Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. Debemos estar comprometidos con Su reino. Cualquiera que sea el precio que tengas que pagar por comprometerme con Su causa, que así sea. Cristo es digno.

Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. Debemos estar comprometidos con Su reino. / Foto: Lightstock

8. Preocupación

Esto no es un hábito cristiano diario. Pero hay que decirlo.

La santidad de Jesús no ha cambiado. Él no tolerará el pecado impenitente. La hipocresía será expuesta. Y en el día del juicio, el Cristo inmutable arrojará a los impenitentes al lago de fuego.

Él nunca ha cambiado de opinión sobre el pecado. Nunca ha pasado por alto la rebelión. Y nunca lo hará.

Pero escucha esto: tampoco ha rechazado nunca a ningún pecador quebrantado que haya acudido a Él con fe. Ni a uno solo. ¿Por qué no hoy? ¿Por qué no tú?

La santidad de Jesús no ha cambiado. Él no tolerará el pecado impenitente. / Foto: Studio

Conclusión

Comenzamos este artículo con un triángulo. Quería enfatizar lo esenciales que son las tres realidades que hemos considerado en Hebreos 13:8.

¿Y tú?

¿Valoras la teología de Cristo?

¿Confías en la soteriología de Cristo?

¿Conoces a Cristo por experiencia?

No puedes conformarte con solo uno o dos aspectos, porque el cristianismo bíblico se compone de los tres. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.

Conócelo. Descansa en Él. Ámalo. Y proclámalo al mundo.

Soli Deo Gloria.


Publicado originalmente en Founders Ministries.

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Allen Nelson

Allen S. Nelson IV es pastor de Perryville Second Baptist Church en Perryville, Arkansas, Estados Unidos. Él y su esposa Stephanie se casaron en el 2006 y tienen cinco hijos. Además de disfrutar tiempo con su familia, Allen ama enseñar la Biblia, leer buenos libros y la actividad al aire libre. Es el escritor del libro From Death to Life: How Salvation Works [De muerte a vida: cómo funciona la salvación] (Free Grace Press, 2018).

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