Nosotros que tenemos pocos talentos y escasos dones

Dios no necesita tu abundancia, sino tu obediencia. No te exige grandeza, solo fidelidad con lo que ya te ha dado. El contentamiento es la clave para servir con propósito.
Foto: Envato Elements

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Me dijo: “Si tan solo fuera rico, entonces realmente podría marcar la diferencia en el mundo”. “Quiero ser rico para poder servir mejor a Dios, para poder contribuir aún más a Su obra”. Pero ¿realmente se necesita mucho dinero para servir al Señor? En el Nuevo Testamento, el personaje que más se destaca por su obediencia y generosidad es una mujer cuya riqueza era de solo dos monedas; dos monedas que ella entregó al Señor. Mientras personas de extraordinaria riqueza pasan a un segundo plano, aquella mujer cuyo legado ha perdurado era la más empobrecida, demostrando así que a Dios le gusta trabajar a partir de nuestra escasez más que de nuestra abundancia.

“Si tan solo tuviera el don de este predicador o la habilidad de ese autor. Si tan solo tuviera sus talentos, entonces realmente podría servir al Señor en las misiones”. Entiendo por qué piensas de esa manera, pero ¿no ha demostrado el Señor muchas veces que se deleita en mostrar Su fortaleza divina a través de la debilidad humana? Fue a un Gedeón tímido a quien el ángel dijo: “El Señor está contigo, valiente guerrero”. Fue a un Moisés tartamudo a quien Dios llamó para que se presentara ante Faraón. Fue a Pablo, desprovisto de elocuencia, a quien llamó para ser el principal teólogo de la iglesia. Él se magnifica más a través de los que son naturalmente débiles que de los que son naturalmente dotados y fuertes.

Dios no necesita tu fuerza ni tus talentos extraordinarios; se glorifica a través de tu debilidad y obediencia. / Foto: Unsplash

“Si tan solo fuera más inteligente y hubiera recibido una mejor educación”. Todos nos preguntamos de vez en cuando qué podríamos haber sido si tan solo nuestras circunstancias hubieran sido diferentes. Todos nos preguntamos de vez en cuando si tenemos algún potencial por descubrir. Pero Dios se deleita en usar a los débiles y a los sencillos. Salvó a Naamán a través de las palabras de un simple niño y usó a un burro para redirigir a Balaam. Luego, por supuesto, llamó a hombres ordinarios para que fueran Sus apóstoles: simples pescadores y jornaleros. Sin embargo, estos hombres trastornaron el mundo; no a través de su talento natural o de su intelecto sobresaliente, sino a través de su obediencia y celo. Lo que los diferenciaba no era su coeficiente intelectual, sino el hecho de que habían estado con Jesús, habían recibido Su comisión y vivían en obediencia a ella.

No es la inteligencia lo que transforma el mundo, sino la obediencia a Cristo. Dios usa a los sencillos que caminan con Él. / Foto: Lightstock

“Si tan solo tuviera más influencia. Si tan solo Dios me diera más seguidores, podría servirle mucho mejor”. A menudo pienso en el endemoniado gadareno que había sido milagrosamente liberado de toda una legión de demonios. Le suplicó a Jesús que lo dejara seguirle y servirle, ser uno de Sus discípulos. Sin embargo, Jesús le dijo que regresara a su humilde ciudad natal y que trabajara allí. Su llamado era ser fiel donde Dios lo había puesto, aprovechar al máximo un campo misionero pequeño en lugar de uno grande. Su sumisión agradó y honró a Dios.

Dios no te llama a ser famoso, sino fiel donde te ha puesto. Tu misión empieza donde estás. / Foto: Lightstock

La realidad es que el Dios que usó saliva y lodo para curar a un hombre de su ceguera ciertamente puede usarte. Y te aseguro que si tuvieras grandes talentos, simplemente te compararías con aquellos que tienen aún más. Si a través de mayores habilidades tuvieras mayores oportunidades, aún así no estarías satisfecho. Si no puedes estar satisfecho con poco, no estarás satisfecho con mucho. El hombre que sube al Kilimanjaro inmediatamente se vuelve envidioso del hombre que ha escalado el Everest, y el hombre que ha escalado el Everest inmediatamente se siente insatisfecho porque no hay una montaña más alta que escalar. Necesitamos estar contentos con lo que tenemos, contentos con lo que Dios nos ha dado.

El contentamiento llega cuando aceptamos lo que Dios nos ha dado y lo dedicamos a Su causa, no importa cuán grande o pequeño parezca a nuestros ojos. Porque ante los ojos de Dios, todo es muy estimado, muy valioso, muy significativo. Esto es cierto ya sea que se trate de miles de millones o de centavos, de salud o debilidad, de la inteligencia de un genio o la de un niño. Dios es el dador de todo regalo y los dones que da a Su pueblo siempre son buenos. Nuestra tarea es recibirlos de Su mano, ya sea un talento o diez, y desplegarlos todos para el bien de los demás y la gloria de Su nombre.


Publicado originalmente en Challies.

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Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo BLOG ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 7000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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