¿Recuerdas el día que te convertiste en madre? Si eres como yo, seguramente preparaste con cuidado la ropa y una larga lista de cosas que podrías necesitar para esa personita que llegaría a llenar tu hogar de gozo.
Imagino que también tenías una maleta llena de ilusiones, expectativas, miedos e inseguridades. Tal vez deseabas ser una versión mejorada del ejemplo de crianza que viste en casa ya que, la disciplina brillaba por su presencia, mientras que el amor lo hacía por su ausencia.
Seguramente, a lo largo de los años has leído libros acerca de la maternidad, y te has topado en las redes sociales con la famosa “crianza respetuosa” y, sin dudarlo, has aplicado algunas de sus ideas con la intención de ejercer una “crianza sin vergüenza, culpa ni castigo” (43). Pero ¿es esta la clase de crianza de la que habla la Biblia?
Si como madre has creído mentiras acerca de la manera en la que puedes amar y educar mejor a tus hijos, o has mezclado la filosofía del mundo con la Palabra de Dios, quiero preguntarte: ¿cuál ha sido el resultado de este tipo de crianza?

Para responder a esta pregunta hoy quiero recomendarte un libro escrito para los padres cristianos que quieren darle gloria a Dios en su hogar, pero que tal vez han caído presas de las falsas ideologías del mundo. Un libro que examina de manera minuciosa y honesta la filosofía y la cosmovisión existente en la famosa “crianza respetuosa”.
En el libro El lado no tan amoroso de la crianza respetuosa: un llamado bíblico a los padres, el autor, el pastor Justin Miller, examina a la luz de la Palabra de Dios el problema detrás de esta filosofía que ha logrado infiltrarse incluso dentro de la iglesia, desplazando la autoridad y la sabiduría de la Biblia, redefiniendo el amor, eliminando la disciplina y la instrucción bíblica. Las consecuencias de este tipo de crianza no solo impactan la vida de nuestros hijos, nuestra relación con ellos a largo plazo o incluso el día a día de nuestras familias, impactan la manera cómo ellos ven a Dios y se ven a sí mismos.

El autor nos pregunta: “¿Por qué buscamos otras fuentes fuera de las Escrituras para guiar nuestra crianza y disciplina?” (91) y apunta al verdadero problema cuando lo hacemos, ya que, como él dice, esto “demuestra falta de fe en la suficiencia de las Escrituras y, en efecto, en la soberanía de Dios sobre nuestra crianza y nuestras vidas” (91).
Hermana, la Biblia es la Palabra de Dios y es donde Él nos comparte Su sabiduría para educar a nuestros hijos, disciplinarlos y ayudarlos a entender el propósito de sus vidas. Por esto, Miller enfatiza que, “adoptar la filosofía de la crianza respetuosa es negar que la Biblia sea una guía suficiente para la crianza de los hijos” (95).
El autor me hizo ver que, cuando asumimos este tipo de crianza corremos el riesgo de buscar la felicidad de nuestros hijos por encima de su santidad; de redefinir el amor a la manera del mundo, de ignorar que la disciplina es tan importante que, incluso el mismo Padre eterno nos disciplina para que participemos de Su santidad (Heb 12:6-11).

Justin Miller hace un trabajo maravilloso al mostrarnos de manera clara que el enfoque y los objetivos de estas dos clases de crianza son muy diferentes ya que, el amor que como padres cristianos queremos darles a nuestros hijos debe ser definido por la Biblia: “Él que escatima la vara odia a su hijo, mas el que lo ama lo disciplina con diligencia” (Pro 13:24).
La disciplina y el amor van de la mano en una crianza que exalta a Dios.
Este libro me recordó lo importante que es la disciplina para nuestros hijos y me animó a seguir la instrucción bíblica, a no caer en el error de creer que corregir, instruir, guiar y disciplinar a nuestros hijos es no amarlos, ya que esa es una mentira del enemigo para disminuir nuestra autoridad, hacernos pecar al desobedecer la voz de Dios y Su instrucción dada tan claramente en la Palabra.

En el libro se nos recuerda que los niños nacen con una naturaleza pecaminosa, y que la necedad está ligada a su corazón, aunque se vean dulces e inocentes (Pro 22:15). Nuestros hijos necesitan entender que el pecado tiene consecuencias.
Con un lenguaje sencillo y ameno, el autor nos invita de manera amorosa a volver a la suficiencia de las Escrituras, a recordar la responsabilidad que tenemos como padres y las consecuencias que, nuestros hijos y, nosotros mismos, enfrentaremos si de manera negligente adoptamos las filosofías del mundo.
La eternidad de nuestros hijos está en juego, por eso, querida hermana, necesitamos apuntar al corazón, mostrándoles la necesidad que tienen de ser salvos. Ellos necesitan entender que son pecadores.
Por favor, lee este libro con un corazón humilde, pidiéndole a Dios que te ayude a evaluar tu maternidad a la luz de Su Palabra para ver si estás creyendo mentiras acerca de Dios, de tus hijos o de ti misma.
Este libro te ayudará a mirar con claridad qué mentiras estás creyendo y te llevará de la mano, con la ayuda de dos anexos, a tener un tiempo de adoración familiar y de instaurar en tu vida y en la de tus hijos un conocimiento de Dios que los lleve a vivir recordando que “el temor del Señor es el inicio de la sabiduría para el pueblo de Dios. Es el fundamento para entender cómo vivir, pensar, actuar y responder ante todas las circunstancias de la vida” (107).
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