Si no hay conflictos en tu equipo ministerial, quizás no tienes equipo. Lo importante es cómo respondemos a la tensión con el evangelio.
Yo, pues, prisionero del Señor, les ruego que ustedes vivan de una manera digna de la vocación con que han sido llamados. Que vivan con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros en amor, esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también ustedes fueron llamados en una misma esperanza de su vocación (Ef 4:1-4).
Dirijo un gran equipo en Niddrie, muchos de los cuales son voluntarios. Algunos tienen problemas graves de salud mental y trabajamos en un ministerio agotador y acelerado. Algunas semanas son muy relajadas, como un pequeño oasis de tranquilidad; otras están llenas de actividad e incidentes. Así son las cosas cuando se trabaja en los barrios de viviendas sociales.
Un campo de batalla inevitable
La dinámica de equipo es siempre un campo de batalla en el ministerio cristiano. Satanás nunca puede quitarnos nuestra salvación, pero le gusta sembrar la mayor cantidad de daño posible entre los miembros del equipo y en las congregaciones. Las relaciones pueden volverse tensas con rapidez si los desacuerdos no se resuelven bíblicamente y de corazón. No hay nada tan venenoso para la obra del evangelio como un corazón amargado que acumula bilis, ira y resentimiento. Lo he visto destruir a muchas personas y equipos a lo largo de los años.

Cada semana, sin falta, habrá un desacuerdo, una discusión o un momento de estrés entre dos o más miembros de mi equipo o congregación. Esto es lo que sucede cuando juntamos a las personas para que trabajen en estrecha proximidad, bajo presión y con fricciones constantes. Las grietas comienzan a aparecer, los pecados profundos asoman y surgen conflictos de personalidades.
Aquí es donde ser misional se convierte en algo más que una discusión teórica. Es el lado sucio de la vida cristiana y el discipulado 24/7. Es en ese momento cuando a veces deseamos el enfoque tradicional de “una reunión el domingo y otra a mitad de semana”, anhelando poder alejarnos de la gente por cinco minutos. Son esos momentos en los que nos cansamos de tratar con los problemas del corazón, porque el simple hecho es que podemos estar demasiado agotados.

Liderazgo sabio en medio de la tensión
Como líderes, debemos tener mucho cuidado con la forma en que administramos, dirigimos, cuidamos y pastoreamos a nuestros equipos. No existe un enfoque único para construir y mantener equipos saludables. Soy una persona muy directa, me exijo y tengo grandes expectativas de los demás; sin embargo, busco ser muy perspicaz en estos temas. A veces, la gente necesita un empujón y, otras, una palabra de aliento. Gran parte del liderazgo se basa en discernir el momento y el carácter de las personas.

A continuación, algunas cosas que no debes hacer al tratar con miembros del equipo cansados y estresados:
- No intentes imponer tu voluntad sobre ellos. Esto no ayudará y solo generará resentimiento.
- No arrincones a la gente cuando se trata de lidiar con discusiones o tensiones. Las personas bajo presión no responderán lógicamente, y mucho menos bíblicamente. Necesitan espacio y tiempo para resolver las cosas.
- No hagas que la gente se sienta culpable para lograr que se alineen. Necesitan ser animados e inspirados por el Espíritu Santo para que ocurra un verdadero cambio de corazón.
- No escondas los problemas debajo de la alfombra esperando que desaparezcan. No lo harán. La gente necesita sacar a la luz los pecados y lidiar con ellos de manera madura.

Por otro lado, estas son algunas cosas que sí debes hacer:
- Anímalos a reconocer que el estrés es parte normal de la experiencia cristiana. A menudo la gente tiene un idealismo sobre trabajar en equipos cristianos. Pero los cristianos discuten, se enfadan y pecan. La cuestión no es cómo evitar estas cosas, sino cómo afrontarlas.
- Elimina el aguijón del estrés. Proverbios 15:1 nos recuerda: “La suave respuesta aparta el furor, pero la palabra hiriente hace subir la ira”. No te apresures a abordar el “problema del momento”; tómate tu tiempo para tener una perspectiva más amplia.
- Escucha a la gente sin interrupciones. Esto es fácil si estás de acuerdo con ellos, pero requiere una habilidad completamente diferente cuando sabes que están equivocados. Las personas necesitan sentir que las toman en serio.
- Anima a las personas en sus dones y no las reprendas por lo que no pueden hacer (1 Tes 5:14).

Abrazar el conflicto por amor al evangelio
Sobre todo, un buen líder orará por su equipo de acuerdo con Efesios 4. Recuerda este ciclo: la visión atrae a los líderes, los líderes hacen ministerio, el ministerio trastorna a Satanás, este siembra discordia, el ministerio se desvía, los líderes se desaniman y Satanás es feliz. Debemos romper ese ciclo con el bálsamo curativo del evangelio, aplicándolo con sabiduría.
Si no hay ningún conflicto en tu equipo, entonces (a) no tienes equipo o (b) tus relaciones son superficiales. La vida en comunidad es complicada, pero vale la pena. No estamos llevando a las personas al set de The Waltons cuando las invitamos a nuestra iglesia; las estamos introduciendo a una comunidad desordenada y pecaminosa. Lo que debería ser diferente es cómo respondemos a estas cosas como cristianos que esperan vivir para la gloria de Cristo. ¡Sigamos adelante!