Tres formas en que nuestras obras se relacionan con nuestra salvación

La fe salva. Las obras importan. ¿Cómo se sostienen esas dos verdades juntas sin anular ninguna? Eso es exactamente lo que las Escrituras nos enseñan.
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Un efecto de prestar mucha atención a las Escrituras es que las generalizaciones radicales se vuelven problemáticas. Esto es notablemente cierto en la forma en que nuestras obras (incluidas nuestras actitudes, palabras y comportamiento) se relacionan con nuestra salvación.

Los textos bíblicos que abordan este tema son muchos y diversos, pero no contradictorios. Si tomas cualquiera de ellos y lo tratas como si fuera el cuadro completo, es casi seguro que guiarás a la gente en la dirección equivocada.

Por ejemplo, Pablo se alegra de que “el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Ro 3:28). Entiendo que eso significa que cualquier cosa que llevamos a Cristo que no sea la fe, no tiene parte en el fundamento (Cristo) ni en el instrumento (la fe) de nuestra justificación. Esto es una verdad gloriosa, y nuestra vida depende de ella.

Pero si hablamos descuidadamente de la justificación como si no tuviera relación con las obras, o si generalizamos que la salvación está separada de las obras de la ley, alejamos a las personas de las Escrituras.

Los textos bíblicos sobre fe y obras son muchos y diversos. No contradictorios. El problema es cuando tomamos uno solo y lo tratamos como si fuera todo. / Foto: Envato Elements

Hacia una mayor claridad

La justificación guarda relación con la obras. Asegura la eliminación de la ira de Dios para que Su Espíritu fluya libremente en una unión donde las obras son posibles y necesarias.

Y la salvación es una realidad más grande que la justificación. La justificación es un aspecto de la salvación. Hay otros aspectos de la misma que no son “ajenos a las obras”, sino que, de hecho, dependen de las obras (aunque no la justifican).

Te invito a reflexionar sobre las siguientes tres formas de hablar de nuestras obras en relación con nuestra salvación. Y si consideras que son bíblicas, esforcémonos por hablar con la clase de cuidado que no anula una cuando afirma la otra.

La justificación guarda relación con la obras. / Foto: Lightstock

1. Jesús es nuestra justificación

Al estar unidos a Cristo solo por la fe, Dios considera las obras perfectas de Cristo como nuestras. Él es nuestra justificación (1Co 1:30). Así, en un sentido concreto, hemos realizado en Cristo las buenas obras que se nos pidieron (Mt 5:48; Stg 2:10). Las obras de Cristo se cuentan como nuestras. Sobre esta base, se puede confiar en Dios, desde el punto de la fe en adelante, al cien por ciento.

  • Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él (2Co 5:21).

  • Pero por obra Suya están ustedes en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, santificación y redención (1Co 1:30).

  • Y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe (Fil 3:9).
Al estar unidos a Cristo solo por la fe, Dios considera las obras perfectas de Cristo como nuestras. / Foto: Lightstock

2. Nos ocupamos de nuestra salvación

En unión con Cristo solo por la fe, mientras disfrutamos de la presencia de Dios, ahora nosotros, por el poder del Espíritu Santo (Ro 8:13), por medio de la fe en la futura gracia de Dios (2Ts 1:11-12; 1Co 15:10), nos ocupamos de nuestra salvación (Fil 2:13), llevando el fruto del Espíritu (Ga 5:22) en una vida de justicia práctica, y así confirmamos nuestra fe salvadora y nuestra unión con Cristo y, de esta manera, recibimos la herencia de la salvación. No obtenemos nuestra herencia por nuestras obras de justicia (Ro 8:15-17; Ga 4:7), pero pertenecer a la familia y ser herederos es confirmado por nuestras obras de justicia.

  • Porque si ustedes viven conforme a la carne, habrán de morir; pero si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán (Ro 8:13).

  • Él pagará a cada uno conforme a sus obras: a los que por la perseverancia en hacer el bien buscan gloria, honor e inmortalidad: vida eterna (Ro 2:6-7).

  • No se dejen engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará. Porque el que siembra para su propia carne, de la carne segará corrupción, pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna (Ga 6:7-8).

  • Como ya se lo he dicho antes, que los que practican tales cosas [las obras de la carne] no heredarán el reino de Dios (Ga 5:21).

  • ¿O no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se dejen engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios (1Co 6:9-10).
En unión con Cristo, por la fe, el Espíritu obra en nosotros. Nos ocupamos de nuestra salvación no para ganarla, sino porque ya somos de Él. / Foto: Lightstock

3. Dios recompensará nuestras buenas obras

Unidos a Cristo solo por la fe, disfrutando que Dios está con nosotros y caminando en obediencia práctica por la fe en Su gracia futura (2Co 9:8), no en la autosuficiencia (Heb 13:21; Fil 2:12-13), servimos “a Cristo el Señor” (Col 3:24) y procuramos serle agradables (2Co 5:9; Fil 4:18; Col 1:10; 1Ts 4:1), no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino de corazón haciendo la voluntad de Dios, para que recibamos del Señor diversos grados de recompensa conforme al bien que hayamos hecho.

Estas recompensas no se ganan, sino que las recibimos libremente en respuesta a nuestras obras de fe (1Ts 1:3; 2Ts 1:11), es decir, las obras que se basan en la gracia de Dios para que, cuando acabemos, digamos: “Antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí” (1Co 15:10). Por tanto, Dios recompensa la clase de obras que atraen la atención a Su total suficiencia (2Co 9:8).

Servimos a Cristo el Señor no de cara a los hombres, sino de corazón. / Foto: Lightstock
  • Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo (2Co 5:10).

  • A sus hijos mataré con pestilencia, y todas las iglesias sabrán que Yo soy el que escudriña las mentes y los corazones, y les daré a cada uno según sus obras (Ap 2:23).

  • Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de Su Padre con Sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta (Mt 16:27).

  • Siervos, obedezcan a sus amos en la tierra, con temor y temblor, con la sinceridad de su corazón, como a Cristo; no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios. Sirvan de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibirá del Señor, sea siervo o sea libre  (Ef 6:5-8).

  • Hay una gloria del sol, y otra gloria de la luna, y otra gloria de las estrellas; pues una estrella es distinta de otra estrella en gloria. Así es también la resurrección de los muertos. Se siembra un cuerpo corruptible, se resucita un cuerpo incorruptible (1Co 15:41-42).

  • Y él le dijo: “Bien hecho, buen siervo, puesto que has sido fiel en lo muy poco, ten autoridad sobre diez ciudades” (Lc 19:17).

  • El que recibe a un profeta como profeta, recibirá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo como justo, recibirá recompensa de justo. Y cualquiera que como discípulo dé a beber aunque solo sea un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, en verdad les digo que no perderá su recompensa (Mt 10:41-42).

  • Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibirán la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien sirven (Col 3:23-24).
Generalizar que la salvación no tiene relación con las obras no es fidelidad al evangelio. Es alejarse de la Biblia. / Foto: Lightstock

Conclusiones finales

Podemos aplicar estas relaciones entre nuestras obras y nuestra salvación de las siguientes formas:

  • Hablemos con el mismo grado de diferenciación que la Biblia hace entre nuestras obras y nuestra justificación, entre nuestra entrada al reino final y nuestras recompensas allí.

  • Gloriémonos en el evangelio de que ninguna obra que hagamos es la base de nuestra justificación.

  • Procuremos hacer firme nuestra vocación y elección (2P 1:10) por el amor que mostramos en el poder del Espíritu.

  • En todas nuestras vocaciones, trabajemos de corazón como para el Señor, “sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibirá del Señor” (Ef 6:8).

Publicado originalmente en la revista en español de 9 Marcas.

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John Piper

John Piper

John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

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