No desperdicies tu desierto; encuentra a Dios en él

La Biblia nos recuerda que, aun en los desiertos más difíciles, Dios sigue siendo soberano y nos llama a conocer más profundamente Su carácter.
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Nadie quiere los desiertos. De hecho es natural que toda persona se aleje lo más pronto posible de los lugares donde percibe que sufrirá calamidades y necesidades. El desierto no es sinónimo de paz sino de sed, no es un lugar de descanso sino de debilidad. Sea en las extremas condiciones de un sol ardiente que roba todas las fuerzas de sus caminantes o del implacable frío en las noches más estrelladas, el desierto no es la primera elección para pasar unas largas vacaciones.

A pesar de que no he visitado un lugar con tal descripción, sé que he experimentado las mismas angustias del desierto en diferentes niveles de mi alma, cuando sin previo aviso me he encontrado en medio una aflicción o circunstancia que, en Su providencia y amor, Dios ha permitido y ordenado que llegue a mi vida.

En la Biblia vemos que los desiertos, a pesar de ser lugares hostiles, son lugares especiales preparados por Dios y destinados a ser una bendición para sus hijos, a pesar de que vengan envueltos en un sobre de aflicción.

Entonces ¿Cómo pasamos por el desierto sin desperdiciarlo?

La Biblia nos muestra que los desiertos son lugares preparados por Dios para bendecir a sus hijos. / Foto: Unsplash

No desperdicies tu desierto en victimización: Dios lo preparó, lo decretó y lo permitió

La primera reacción al encontrarnos en una temporada o situación de desierto es quejarnos, angustiarnos y tratar de encontrar mil soluciones para aliviar el dolor con el fin de salir lo más rápido posible de ahí. Sin embargo, hay una verdad certera que establece una base segura en medio del inhóspito desierto: no hemos sido traídas hasta aquí por la soga de un verdugo, sino por el cayado del Buen Pastor quien no perderá a ninguna de Sus ovejas en la arena del dolor.

Ya sea por nuestro pecado o el de otros, por las corrientes del mundo o por el látigo de Satanás, todo desierto pasa primero por Su consejo y Su voluntad.

Deuteronomio 32:39 dice: “Vean ahora que Yo, Yo soy el Señor, y fuera de Mí no hay dios. Yo hago morir y hago vivir. Yo hiero y Yo sano, y no hay quien pueda librar de Mi mano”.  Podemos decir que Dios también trae desiertos y pastos verdes de descanso así como el día bueno para disfrutarlo y el día malo para considerarlo.

Aun en medio del dolor, Dios sigue siendo el Buen Pastor que guía a sus ovejas. / Foto: Pexels

¿Qué nos muestra la Biblia?

El Catecismo de Westminster dice que Dios ha dispuesto todas las cosas, las acciones y a las criaturas desde la más grande hasta la más pequeña por medio de Su sabia y santa providencia según el consejo de Su perfecta voluntad para la alabanza de la gloria de Su sabiduría. Esto, desde la primera caída hasta todos los pecados de ángeles y de hombres; y eso no por un mero permiso sino limitándolos con extrema sabiduría y poder, ordenándolos y gobernando de varias maneras para Sus fines santos sin ser el autor ni el aprobador del pecado.

Debemos recordar que no fuimos hechas para nosotras mismas. No es “Dios es nuestra historia”, sino “nosotras en Su historia”. La Biblia no muestra Su soberanía sobre cada escenario de nuestras vidas. Incluso esos que no esperábamos, Él ya los escribió desde antes de la fundación del mundo para que los desiertos más oscuros den como resultado alabanza para Su gloria. Dios ha diseñado la medida, la duración y el peso del desierto para que reconozcamos que Él es Dios y hace lo que quiere. Que Él es soberano y nosotros dependemos de Él.

Dios gobierna cada circunstancia de nuestra vida, incluso los desiertos, para Su gloria y nuestros propósitos en Él. / Foto: Unsplash

No busques salir rápidamente del desierto, más bien, conoce al Siervo Sufriente en el desierto

Dios tiene una hora y un día para sacarte de donde estás, sea por medio de resoluciones que ni siquiera pensaste, por  apelaciones hacia el arrepentimiento o por continuas repeticiones de Su consuelo en diferentes conversaciones, mensajes, publicaciones, visitas, prédicas, etc. Mientras mientras estás allí, considera que los desiertos no vienen como espada en la mano de un juez impasible, ni como el garrote en las manos de un amo cruel ni como la sentencia de un dios caprichoso, sino como la vara en la mano de un Padre que ama, y se deleita en Sus hijos.

Cuando pasamos por el desierto, muchas veces la tentación es creer que Dios es lejano, severo e indiferente. Pero considera Su tierno corazón, el cual es cercano a los quebrantados de espíritu (Sal 34:18) y en el tiempo del desierto, Él nos llama a conocer Su corazón hacia los sufrientes y pecadores. Para conocerlo, Dios ha escrito capítulos dolorosos y escenarios áridos que nos llevan al límite de nuestra fe para que nos preguntemos: “Dios, ¿quién eres realmente?”. Y en ese momento, en vez de distraernos con soluciones de alivio pasajero, especulaciones de escenarios catastróficos o tratando de simplemente “superar lo que nos ha llegado”. Vamos a Su Palabra.

No te apresures a salir del desierto; acude a la Palabra de Dios y conoce el corazón amoroso de Cristo. / Foto: Unsplash

El corazón del Salvador hacia ti

Piensa en Lamentaciones 3:32-33: “Antes bien, si aflige, también se compadecerá según Su gran misericordia; porque Él no castiga por gusto ni aflige a los hijos de los hombres”. Recuerda su amor en Oseas 11:8: “¿Cómo podré abandonarte, Efraín? ¿Cómo podré entregarte, Israel?… Mi corazón se conmueve dentro de Mí, se enciende toda Mi compasión”.

Dios entiende nuestros desiertos no como conceptos teóricos, ni como testigo, sino como el Siervo Sufriente que pasó por los más oscuros valle y desiertos al cumplir la voluntad del Padre recibiendo el castigo del pecado en nuestro lugar.

Cristo conoce nuestros desiertos porque Él mismo sufrió al cumplir la voluntad del Padre. / Foto: Lightstock
  • Él fue angustiado en el desierto del martirio del Gólgota para que cada angustia no nos sumerja en la desesperanza.

  • Él pasó por el desierto del desprecio y del rechazo para que nosotras nunca experimentemos Su abandono.

  • Él sintió separación con el Padre al convertirse en pecado para que cuando nosotras perdamos lo más amado recordemos que no es lo más valioso comparado con la salvación en Cristo.

  • La soledad y las tinieblas fueron Sus compañeras para que Él sea nuestro compañero en los desiertos más oscuros y en las noches más tristes.

  • Él no fue consolado en la cruz para que se convirtiera en nuestro Consolador.

  • Él llevó en Su cuerpo todos los padecimientos para que nosotras tengamos un Abogado que intercede por nosotras frente al Padre cuando caemos.

  • Es el Cordero que llevó nuestra maldad para que no sufriéramos la ira de Dios.

  • Es el Príncipe de Paz que no abrió Su boca y se sometió a la voluntad del Padre para que sigamos Sus pasos de obediencia y fe.

  • Es nuestro Intercesor, el cual se angustió en Getsemaní y sudó gotas de sangre para que Él mismo tomara nuestras lágrimas y las pusiera en Su vasija.

El desierto es el lugar perfecto para avivar la oración y la meditación en la Palabra

El desierto es un lugar de soledad. Sin embargo, aunque parezca inhabitado e incomprendido, el creyente tiene la plena confianza que su Redentor ya pasó por ahí y nos ha dejado Su Palabra para conocerlo y la oración para comunicarnos con Él. En este lugar, lo mejor que podemos hacer es leer y memorizar como actuó con otros que pasaron lo mismo que nosotros.

Puedes estudiar la paciencia de Dios con el engañador Jacob, la fidelidad de Su pacto con el temeroso Abraham, Su misericordia con el rebelde Jonás, Su provisión con la moabita Rut y Su poder en la liberación y sustento de Israel. Todo esto considerando el hilo conductor de toda la Biblia: Dios muestra Su gloria por medio de la promesa de la salvación en Cristo. Nuestra lectura diaria de la Biblia nos dará nuevos lentes para interpretar nuestra situación, conociendo que no será eterna y que el mismo Dios que hizo maravillas en el pasado es el que nos sostiene en el presente.

En el desierto, aviva tu oración y medita en la Palabra de Dios. / Foto: Unsplash

Pero no tomes mi Palabra por sentado, mira por ti misma esas historias. Memoriza pasajes, subraya contrastes, encuentra repeticiones, hazle preguntas al texto, mira la audiencia original, la intención del autor y enlista las cualidades de Dios. De esta manera, en medio del desierto, la Palabra será tu constante oasis de esperanza.

¡Qué dulce es ser saciados por el agua viva de la Palabra de Dios!

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Gabriela Puente

Gabriela Puente

Gabriela Puente es comunicadora social, está estudia una maestría en Consejería Bíblica en Southern Seminary y se encuentra cursando una certificación en Consejería Bíblica con ACBC. Desde el 2015, Gabriela es miembro de la iglesia La Fuente en Quito y actualmente trabaja en su Centro de Consejería Bíblica. Su deseo es ver a las mujeres crecer en amor y conocimiento de Cristo por medio del estudio de la Palabra de Dios en toda Latinoamérica. Puedes encontrarla en Instagram como @gaby_puentem.

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