Memoria y maná: llamados a recordar la fidelidad de Dios

Israel recibió maná cada mañana durante cuarenta años. Y aun así, olvidó. Cristo ayunó cuarenta días en el desierto. Y no cedió. La diferencia entre los dos dice algo importante sobre lo que significa recordar bien.
Imagen: Nicolas Poussin

Mucho antes de que la historia revisionista fuera un término de uso común, Moisés se tomó grandes molestias para prevenir al pueblo de Dios contra ella. Mucho antes de que la tecnología permitiera introspección en los mecanismos de la memoria en la mente humana, Moisés instruyó al pueblo de Dios en el recuerdo correcto. Mucho antes de que psicólogos como Dan Siegel estudiaran y entendieran que lo que más nos impacta no es tanto lo que nos pasa, sino cómo interpretamos y recordamos lo que nos pasa, Moisés dio un consejo similar al pueblo de Dios.

Recordar correctamente conlleva a vivir correctamente. Como tal, Moisés ordenó a los israelitas a obedecer todos los mandamientos y a recordar durante todo el camino que el Señor, su Dios, los había guiado durante cuarenta años de vagar por el desierto (Dt 8:1-2). Recordar durante todo el camino conlleva a vivir con todo el corazón. Es muchísimo más fácil recordar con lentes color de rosa o encuadres desamparados que recordar la historia completa, ¿no es así? Moisés no los llamó a tener una memoria huraña sobre su fracaso y rebelión solamente, los cuales eran muy reales y bastante obvios; tampoco los llamó al recuerdo exclusivo del sabor misterioso del maná en sus labios. Los llamó a recordar tanto sus miserias como las misericordias de Dios, tanto sus fracasos como la fidelidad de Dios, sus necesidades cotidianas y la provisión diaria de Dios (Dt 8:3-5). Dios no dejó que sintieran hambre y necesidad ni por un mes antes de proveerles el milagroso maná que los sostendría por el resto del camino en el desierto. Él quería que vieran su propia falta e inhabilidad para que pudieran ser guiados a apoyarse en Su abundancia y habilidad. Debían mirar a sus pies y ver la falta de hinchazón; estos pies pertenecían a los hijos de aquellos que habían caminado a través del Mar Rojo en suelo seco, y aún así estos pies se apresuraban a ofrecer su oro para hacer un ídolo.

Dios dejó sentir hambre a los israelitas antes de enviar el maná, para que aprendieran que su fortaleza venía de Él, no de ellos mismos. / Imagen: Museo Del Prado

El punto de recordar durante todo el camino era obediencia de todo corazón. Dios quería que su memoria física les enseñara a sus almas la memoria muscular de apoyarse en Él, y solamente en Él. Y aun así, fallaron miserablemente como sus padres lo hicieron, y como nosotros lo hacemos.

Un desierto similar, resultados distintos

Donde Israel falló, Cristo tuvo éxito. En Lucas 4, Jesús es guiado por el Espíritu al desierto por cuarenta días de tentación, una recreación de los cuarenta días de Israel en el desierto. Es significativo notar que Jesús siempre responde a las tentaciones de Satanás con las Escrituras tomadas directamente de Deuteronomio (capítulos del 6 al 10). Cuando fue tentado a hacer pan para satisfacer Sus necesidades físicas reales de hambre, Cristo cita Deuteronomio 8:3: “No solo de pan vivirá el hombre” (Lc 4:4). Jesús recordó por nuestro olvido. Jesús obedeció de todo corazón por nuestro fracaso en hacerlo. Él es el verdadero y mejor Israel así como es el verdadero y mejor Adán (Ro 5:12-21).

Su obediencia y devoción de todo corazón mereció las lujosas bendiciones prometidas al pueblo de Dios: una buena tierra dónde fluyera ríos y fuentes y pan sin escasez. Sin embargo, Cristo colgó sobre la cruz, diciendo “Tengo sed” (Jn 19:28). Su cuerpo se convirtió en el pan roto para satisfacer nuestras almas. Sus pies se hincharon al ser clavados en el madero en nuestro lugar.

Donde Israel olvidó y falló, Cristo recordó y obedeció. Él mereció la tierra prometida, pero eligió la cruz. / Foto: Unsplash

Recuerda el mejor maná

Jesús no nos dejó en la duda sobre las conexiones. Nos dijo muy directamente que el maná en el desierto estaba destinado a apuntar hacia Él, el pan que viene del cielo (Jn 6:41-50). Él dijo explícitamente: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que Yo también daré por la vida del mundo es Mi carne” (Jn 6:51).

Justo como a Israel se le había mandado a recordar la provisión de Dios del maná, la iglesia está llamada a recordar la provisión de Dios del mejor maná, Jesucristo. Recordamos el pasado para que tengamos esperanza para el futuro. Cuando el camino por delante parece largo o imposible, cuando las provisiones a nuestro alrededor (o dentro nuestro) parecen escasas e insuficientes, cuando nuestra ropa parece gastada y nuestros pies se sienten llagados, recordamos a Cristo (2Ti 2:8).

El maná en el desierto siempre apuntó a algo mayor: Cristo. / Foto: Lightstock

Memoria y esperanza

Somos llamados a recordar correctamente, no solo la provisión de Dios de Cristo, sino también todo el camino por el cual Dios nos ha guiado. Debemos recordar Sus misericordias junto con nuestras miserias. Debemos recordar Su provisión aun cuando merecíamos castigo. Hasta somos llamados a recordar Su disciplina a nosotros como hijos e hijas y cómo esta siempre tiende a nuestro bien a largo plazo (Dt 8:5; Heb 12:7-11). Uno de mis comentaristas favoritos escribió lo siguiente en cuanto a nuestros Ebenezer personales (rocas apartadas para conmemorar la ayuda y provisión reales de Dios): “Entonces, en cada roca memorial, cada Ebenezer, sobre la cual está gravado ‘Tú has sido mi ayuda’, podemos ensamblar un telescopio.”

Me encanta la imágen de ensamblar un telescopio que pronostica la esperanza futura en las piedras memoriales de nuestro pasado. El recordar correctamente lleva a la esperanza futura, la cual nutre una vida fiel en el presente.


Publicado originalmente en CoreChristianity.

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Aimee Joseph ha pasado muchos años dirigiendo el discipulado y ministerio de mujeres en la Iglesia Presbiteriana Redentor y en Campus Outreach San Diego. Ella y su esposo están actualmente en el proceso de plantar Center City Church en su vecindario. Puedes leer más de sus escritos en aimeejoseph.blog.

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