¿Has visto a Cristo como profeta?

Cristo es el profeta supremo, ungido por Dios para revelar Su palabra y anunciar la llegada del reino, cumpliendo en sí mismo todo lo que los profetas habían prometido.
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En el siglo diecisiete, la Confesión de Fe de Westminster declaraba que “agradó a Dios en Su eterno propósito escoger y ordenar al Señor Jesús, Su unigénito Hijo, para ser el Mediador entre Dios y el hombre, el Profeta, Sacerdote y Rey, la Cabeza y Salvador de Su iglesia, el Heredero de todas las cosas y Juez del mundo: a Quien, desde toda la eternidad, Dios le dio un pueblo para ser Su simiente; y para que en el tiempo lo redimiera, llamara, justificara, santificara y glorificara”.

En esta breve declaración, los teólogos de Westminster resumían la función mediadora de Cristo. Tal como Moisés fue el mediador del Antiguo Pacto, así Jesús es el mediador del Nuevo Pacto. Un mediador es un intermediario entre dos o más partes. En nuestra cultura comúnmente pensamos en mediadores cuando se trata de disputas laborales. Su rol es terminar el conflicto, lograr paz cuando hay algún tipo de desacuerdo. En una palabra, la principal tarea del mediador es lograr la reconciliación cuando ha habido desacuerdo.

Representación de los teólogos de Westminster. / Pintura: John Rogers Herbert

El drama bíblico de la redención se enfoca en la reconciliación, en ponerle fin a la separación entre Dios y Su pueblo. El estado natural de la humanidad caída es enemistad con Dios. Nuestra rebeldía en contra de Su gobierno divino nos coloca en oposición a Dios. Con eso provocamos Su ira, y Su juicio se manifiesta en nuestra contra. Necesitamos desesperadamente ser reconciliados. A Dios el Padre le plació tomar la iniciativa para terminar este peligroso alejamiento y para eso designó a Cristo como nuestro Mediador.

Aunque afirmamos que Moisés fue el mediador del Antiguo Pacto, su obra mediadora no traía una reconciliación definitiva. Su principal rol mediador, como vocero de Dios, fue entregar la ley al pueblo de Dios cuando Él los constituye como nación en el Sinaí.

De hecho, Moisés no fue el único mediador de este pacto. Otros cumplieron ese rol en un grado menor. Existían tres oficios mediadores: el oficio de profeta, el oficio de sacerdote y el oficio de rey. Aquellos que desempeñaban estos roles eran ungidos por Dios para dichas funciones.

El drama bíblico de la redención se enfoca en la reconciliación, en ponerle fin a la separación entre Dios y Su pueblo. / Foto: Pexels

El concepto de “unción” va adquiriendo mayor relevancia en la historia bíblica en tanto que el Antiguo Testamento prevé a aquel que sería el supremo “Ungido”. El título Cristo quiere decir “el que es ungido”.

Aquellos que ocupaban estos oficios de profeta, sacerdote y rey eran intermediarios. Dios los elegía para ser representantes. El profeta representaba a Dios, hablaba al pueblo de parte de Dios, como mediador de la palabra hacia el pueblo. El sacerdote representaba al pueblo y hablaba a Dios de parte del pueblo.

El oficio del rey también era mediador. El rey no era autónomo ni soberano absoluto. Debía representar el gobierno de Dios hacia el pueblo. El rey de Israel estaba bajo la ley de Dios. Debía rendir cuentas a Dios por su conducta como rey. Los frecuentes conflictos en el Antiguo Testamento entre profetas y reyes se debían a la corrupción de los reyes que querían deshacerse de las limitaciones que les imponía la ley.

Cristo es el Ungido prometido, el cumplimiento perfecto de los oficios de profeta, sacerdote y rey. / Foto: Lightstock

Juan Calvino desarrolló la doctrina reformada del triple oficio de Cristo al que más tarde haría referencia la Confesión de Fe de Westminster. Este triple oficio apunta a que los roles del Antiguo Testamento de profeta, sacerdote y rey se consolidan en la persona de Cristo. En Cristo, el oficio de profeta alcanza su zenit. Cristo sobrepasa a cualquier profeta que haya venido antes de Él. Cristo es tanto el sujeto como el objeto de la profecía bíblica. Para los profetas del Antiguo Testamento, el principal tema era la venida de Cristo. Ellos anunciaron Su nacimiento, ministerio y muerte expiatoria. Esperaban expectantes al Mesías que sería el rey ungido por Dios y el Salvador de Su pueblo.

Jesús también cumplió el rol de profeta. En Su bautismo, Jesús fue ungido por el Espíritu Santo. Luego Dios anunció desde el cielo que Jesús era Su Hijo amado y que el pueblo debía escuchar Su voz. Él habló la palabra profética de Dios, declarando que no decía nada por Su cuenta, sino únicamente lo que el Padre le había enviado a decir.

Jesús usó frecuentemente las fórmulas que usaban los profetas del Antiguo Testamento para entregar Su mensaje. / Foto: Lightstock

Jesús usó frecuentemente las fórmulas que usaban los profetas del Antiguo Testamento para entregar Su mensaje. Por ejemplo, oráculos proféticos, que eran pronunciamientos divinos de bendición o maldición. Cuando Jesús acusa a los escribas, normalmente comienza con las palabras “Ay de ustedes”. Cuando pronunciaba el favor y la misericordia de Dios usaba las palabras “bienaventurados son”, como en el Sermón del Monte. Los “ayes” y “bienaventuranzas” de Jesús apuntaban a los oráculos de los profetas del Antiguo Testamento.

El primer sermón de Jesús que se registra (Lc 4:18-21), anunciado en una sinagoga, se basó en un texto profético. Jesús leyó Isaías 61:1-2, luego comenzó Su sermón: “Hoy se cumple esta Escritura en presencia de ustedes”. Jesús también realizó predicciones proféticas, como el anuncio de la destrucción de Jerusalén (Mt 24:1-28).

Si analizáramos el contenido de las declaraciones proféticas de Jesús, veríamos que gran parte de este concierne a Jesús mismo. El tema principal y central de Su enseñanza profética era, no obstante, la inminencia del reino de Dios. La mayoría de sus parábolas se enfocan en este tema. Al comienzo de Su ministerio terrenal, Jesús hace eco de la predicación de Juan el Bautista respecto a la venida del reino, el cual requería una nueva clase de arrepentimiento. El largamente esperado y anunciado reino ahora estaba cerca y la gente no estaba preparada; era un pueblo impuro.

El ministerio de Juan el bautista causó escándalo porque no llamaba meramente a los gentiles, sino a los israelitas a que se bautizaran, con lo cual indicaba que Israel también era un pueblo impuro. Juan llamaba al pueblo a prepararse para la venida de su rey. Su función era la del heraldo de ese Rey y anunció su llegada con el agnus Dei: “¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Jn 1:29).


Este artículo ¿Has visto a Cristo como profeta? fue adaptado de una porción del libro ¿Qué es la teología reformada?, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

Páginas 94 a la 97

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El Dr. R.C. Sproul fue fundador de Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, FL, primer rector del Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Su programa de radio, Renovando Tu Mente, se transmite diariamente en cientos de estaciones de radio por todo el mundo y en la Internet. Fue autor de más de cien libros, entre ellos: La santidad de Dios, Escogidos por Dios y Todos somos teólogos. Además, fue editor general de La Biblia de Estudio de La Reforma.

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