El gozo no es opcional

El gozo es esencial para la vida cristiana. Las Escrituras son claras: El pueblo de Dios es mandado a regocijarse tanto como es caracterizado por el gozo.
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¿Por qué a Dios le importa tu felicidad?

El gozo es esencial para la vida cristiana. Las Escrituras son claras: El pueblo de Dios es mandado a regocijarse tanto como es caracterizado por el gozo. Nuestro Padre Celestial no es indiferente hacia nuestra felicidad. El gozo no es un adorno más en el cuadro de la vida cristiana. El gozo no es el glaseado en nuestra torta, sino que es un ingrediente principal en una compleja masa. No es que solo haya gozo en nuestras vidas, sino que es en nuestras pérdidas más dolorosas y en nuestros sufrimientos cuando descubrimos cuán profundas son las minas del gozo cristiano. Solo allí, en la dificultad y en la oscuridad es que probamos la esencia de ese tipo de gozo, el cual no es débil ni frívolo ni vano, sino fuerte, real y pleno.

El gozo es posible

El escuchar que el gozo no es opcional, llega a algunos oídos como promesa y esperanza. Si el gozo es esencial, entonces debe significar que el gozo es posible. Por un lado, el gozo es una orden dada a través de la Biblia. Fue mandado al pueblo del pacto antiguo, Israel, principalmente en los Salmos. “Alégrese Israel en su Creador; regocíjense los hijos de Sión en su Rey” (Sal. 149:2). “Se regocijará Jacob y se alegrará Israel” (Sal. 14:7). “Alegraos en el Señor” (Sal. 97:12). “Servid al Señor con alegría” (Sal. 100:2). “Alegraos en el Señor y regocijaos, justos; dad voces de júbilo, todos los rectos de corazón” (Sal. 32:11). Eso sumado a otros cientos de ejemplos a través del Antiguo Testamento. Más allá de Israel, Dios manda a todas las naciones a regocijarse en su Creador: “Alégrense y canten con júbilo las naciones…” (Sal. 67:4). Y hasta manda al mundo material a unirse a la alegría: “Alégrense los cielos y regocíjese la tierra; ruja el mar y cuanto contiene…” (Sal. 96:11). En el Nuevo Testamento, Dios mismo, en plena humanidad no cambia su canción una vez transformado en “varón de dolores” en nuestro mundo caído (Is. 53:3), sino que, como cualquier otro, nos ordena gozarnos, y aún nos da más razones por las cuales alegrarnos. “Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande” (Mt. 5:12). “Saltad de gozo” (Lc. 6:23). “Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lc. 10:20). Sí, el gozo es posible, y es tan real y abundante que nos dirigimos a nuestros amigos y vecinos y decimos: “Alegraos conmigo” (Lc. 15:6;). Si no fuimos lo suficientemente claros hasta este punto, el apóstol Pablo lo lleva aún más lejos en sus cartas a las iglesias. “Gozándoos en la esperanza…Gozaos con los que se gozan” (Rom. 12:12,15). “Por lo demás, hermanos, regocijaos” (2 Corintios 13:11). “Estad siempre gozosos” (1 Tesalonicenses 5:16). Y luego, el maremoto de gozo de Filipenses: «Regocijaos de la misma manera, y compartid vuestro gozo conmigo» (Fil. 2:18). «Regocijaos en el Señor» (Fil. 3:1). «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocijaos!” (Fil. 4:4). No es que somos inmunes a las muchas aflicciones de la vida en este tiempo, sino que en Cristo tenemos acceso al gozo subterráneo, que es simultáneo con, y más profundo que, el más profundo de nuestros sufrimientos; estamos «como entristecidos, mas siempre gozosos» (2 Cor. 6:10). Una razón por la que la Biblia es tan incansable en insistir sobre nuestro gozo es por la bondad de Dios. El imperativo al gozo en nosotros se basa en el indicativo de bondad en Él. «Y te alegrarás…por todo el bien que el Señor tu Dios te ha dado a ti y a tu casa» (Dt. 26:11). El gozo en el corazón de la criatura corresponde a la bondad en el corazón del Creador. El gozo es la respuesta adecuada del receptor a la bondad del Dador.

Pero no soy alegre

Algunos ven posibilidades en los mandamientos al gozo; otros ven problemas. Y ambas respuestas están justificadas. Somos pecadores, espiritualmente muertos por naturaleza (Ef. 2:1-3). A menudo somos emocionalmente inconsistentes y espiritualmente insípidos. Aún estando en Cristo, andamos como en una montaña rusa que va desde corazones apáticos a espíritus avivados, y luego de vuelta a la sequía. Aquellos que nos conocemos a nosotros mismos y estamos aprendiendo a ser honestos con la realidad, reconocemos cuán poco gozosos somos en verdad, y le pedimos a nuestro Padre una y otra vez: “Restitúyeme el gozo de tu salvación” (Sal. 51:12). Para aquellas personas perezosas y conscientes de sí mismas, escuchar que el gozo no es opcional puede ser más una carga de condenación que una posibilidad. Puede ser un nuevo peso para cargar sobre los ya sobrecargados hombros. Pero nuestro gozo no es el final de la historia. Queda una pieza infinitamente poderosa en la ecuación.

Dios está totalmente comprometido con nuestro gozo

Con nuestras interminables fallas a la vista, es una muy buena noticia que Dios mismo esté comprometido por completo a nuestro eterno gozo en Él. De hecho, hay un sentido en el que Él esté comprometido con nuestro gozo en Él como lo está con su mayor propósito en el universo: que Él sea honrado y glorificado. Porque nuestro gozo está ligado a su gloria. En las palabras del refrán de John Piper: “Dios es más glorificado en tí, cuando estás más satisfecho en Él”. Dios es justo, y es por eso que no es indiferente a su gloria. Y la buena noticia para aquellos de nosotros que reclamamos la sangre y justicia de su Hijo es que Él no es indiferente a nuestro gozo. No ese gozo débil, frívolo y vacío que meras circunstancias externas en un mundo caído pueden traer, sino el fuerte, real y abundante que puede ir más lejos y más profundo que las circunstancias tristes de la vida. En Cristo, no solo Dios no está ya en contra de nosotros con ira omnipotente, sino que ahora Él está con nosotros (para nuestro profundo y eterno gozo) en todo su amor omnipotente. Su promesa en Jeremías para nosotros viene a través de Cristo: “Me regocijaré en ellos haciéndoles bien, y ciertamente los plantaré en esta tierra, con todo mi corazón y con toda mi alma” (Jer. 32:41). Nuestro gozo no será perfecto en esta vida; siempre tendremos luchas. Tendremos nuestras angustias y ansiedades. Tendremos nuestras buenas y malas. Y aún así, aún aquí tenemos degustaciones de lo que vendrá. No solo viene un gozo infinito, sino que ahora probamos su dulzura, especialmente en el sufrimiento. “a quien sin haberle visto, le amáis, y a quien ahora no veis, pero creéis en Él, y os regocijáis grandemente con gozo inefable y lleno de gloria” (1 Pd. 1:8). Es una buena noticia que el gozo no es opcional en la vida cristiana, porque el peso final recae, no en nuestras débiles espaldas, sino en los poderosos hombros de Dios mismo.

David Mathis

Es editor ejecutivo de desiringGod.org y pastor de Cities Churchin Minneapolis. Él es esposo, padre de cuatro hijos y autor de «Habits of Grace: Enjoying Jesus through the Spiritual Disciplines» (Hábitos de Gracia: Disfrutar a Jesús a través de las Disciplinas Espirituales).

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