Febrero 10
“Dios bendijo el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que Él había creado y hecho”. Génesis 2:3
La humanidad es la cúspide de la creación. No somos simplemente simios avanzados; de toda la creación, solo nosotros fuimos hechos a Su imagen (Gn 1:27). Somos criaturas porque fuimos hechos por un Creador, pero también somos únicos entre todas las criaturas porque fuimos hechos a la imagen de Dios. La humanidad posee una dignidad inalienable y Dios quiere que respetemos a nuestro Creador y que vivamos en relación con Él.
Si el hombre es la cúspide de la creación, entonces el reposo es la meta final de esta. Cuando Dios completó Su obra de creación, Él reposó. Eso no significa que dejó de estar presente ni activo en Su mundo, sino más bien que descansó de crear. No había necesidad de más mejoras ni adiciones. Nada debía ser desarmado ni rediseñado. Y el gran diseño de Dios, Su deseo para los seres humanos, es que nosotros también podamos vivir con Él en el maravilloso y continuo día de reposo.
El relato de la creación en Génesis 1 repite la frase “y fue la tarde y fue la mañana” para cada uno de los seis primeros días. Sin embargo, cuando llega al séptimo, el patrón se rompe. El séptimo día es, si se quiere, un día continuo en el que Dios está buscando un pueblo para Sí mismo. Él está llevando a la humanidad a una relación consigo mismo, proveyendo para ellos, protegiéndolos, ofreciéndoles compañerismo unos con otros y otorgándoles autoridad sobre Su creación. Parte del propósito del día de reposo, tal como se instruye en los diez mandamientos, era dar a los israelitas un entendimiento de esto, del diseño supremo de Dios para la vida (Ex 20:8-11). Al descansar y reflexionar, ellos podían meditar en todo lo que significa vivir como pueblo de Dios bajo Su gobierno y bendición.
Cuando Jesús llama a las personas a Sí mismo, dice: “Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar… y hallarán descanso para sus almas” (Mt 11:28-29). El escritor de Hebreos toma esta idea y declara: “Queda, por tanto, un reposo sagrado para el pueblo de Dios” (Heb 4:9). Lo que fue diseñado en la belleza del Edén y destruido en la caída un día será restaurado cuando entremos en la presencia de Dios. Ahora, experimentamos el reposo de llevar nuestro pecado a Jesús para que sea tratado por Él y nuestras preocupaciones para hallar ayuda en Él. Un día, experimentaremos el perfecto reposo de la vida después de la resurrección en un mundo restaurado lleno de la santidad de nuestro perfecto Dios. Esa es una esperanza para llenar nuestra vista y reorientar nuestro corazón en nuestros mejores y peores días en este mundo. Algún día, en verdad descansaremos en paz.
A medida que caminamos hacia este futuro, debemos imitar el patrón de Dios. Así como Dios lo ordenó, debemos honrar el día del Señor y tomar el tiempo para considerar todo lo que Él desea para nosotros, para disfrutar una vida de comunión con Él y para unirnos a Él en Su búsqueda activa de un pueblo para Sí mismo.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
