¿Alguna vez has experimentado depresión o te has sentido profundamente angustiada? ¿Quizás tu esposo o alguien cercano ha vivido esta experiencia? El temor, la angustia y la preocupación parecen ser los grandes “males” de nuestro tiempo.
Hace poco, mi esposo y yo atravesamos una prueba económica tremenda en casa. Fueron días de angustia extrema en los que, para colmo, nos quedamos incomunicados; estábamos totalmente solos. Solo tuve contacto con una amiga que oró por nosotros, pero el sentimiento de soledad en medio de la aflicción fue terrible. En esos momentos, parece que nadie ve tu necesidad, o peor aún, que a nadie le importa. Incluso llegamos a creer que Dios tampoco nos escuchaba.
Sin embargo, estoy convencida de que Dios permite estas sacudidas para recordarnos que Él es el dueño de todo: de nuestras vidas, nuestros esposos, nuestros hijos y nuestro tiempo. Si sientes que estás en un desierto, quiero recordarte que Dios no te ha olvidado. A continuación, quiero compartirte dos verdades fundamentales para sostenerte en medio de la prueba.

1. Las aflicciones tienen un propósito: tu refinamiento
A veces creemos que la aflicción no es para nosotros, pero el mismo Jesús fue claro al decirnos: “Estas cosas les he hablado para que en Mí tengan paz. En el mundo tienen tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo” (Jn 16:33). Pasaremos por la aflicción, sí, pero no debemos vivir afligidas perpetuamente.
Dios permite estos tiempos de sufrimiento en Su soberanía para que aprendamos a dejar de depender de nuestras propias capacidades o de quienes nos rodean, y dependamos totalmente de Él. El salmista lo describe como un proceso de purificación necesario, similar al de los metales preciosos:
Porque Tú nos has probado, oh Dios;
Nos has refinado como se refina la plata.
Nos metiste en la red;
Carga pesada pusiste sobre nuestros lomos.
Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas;
Pasamos por el fuego y por el agua,
Pero Tú nos sacaste a un lugar de abundancia (Sal 66:10-12).
Cuando entendemos que el fuego no es para destruirnos, sino para “refinarnos”, podemos descansar confiadas en Su soberanía. Es allí donde cobra vida la promesa de Romanos 8:28: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito”. Entre más rápido entendamos este propósito, más rápido tendremos la capacidad de resistir la aflicción.

2. La salida de la angustia: recordar quién es Dios
Durante esa semana difícil, tuve mucho tiempo para meditar y, honestamente, hubo un momento en que me derrumbé. Fue entonces cuando el Salmo 77 se convirtió en mi respiro. Asaf, el autor de este salmo, describe exactamente lo que sentimos en las noches de insomnio y desesperación:
Mi voz se eleva a Dios, y a Él clamaré;
Mi voz se eleva a Dios, y Él me oirá.
En el día de mi angustia busqué al SEÑOR;
En la noche mi mano se extendía sin cansarse;
Mi alma rehusaba ser consolada.
Me acuerdo de Dios, y me siento turbado;
Me lamento, y mi espíritu desmaya.
Has mantenido abiertos mis párpados;
Estoy tan turbado que no puedo hablar (Sal 77:1-4).
Es natural hacerse preguntas dolorosas cuando el cielo parece estar en silencio:
He pensado en los días pasados,
En los años antiguos.
De noche me acordaré de mi canción;
En mi corazón meditaré,
Y mi espíritu indaga:
¿Rechazará el SEÑOR para siempre?
¿No mostrará más Su favor?
¿Ha cesado para siempre Su misericordia?
¿Ha terminado para siempre Su promesa?
¿Ha olvidado Dios tener piedad,
O ha retirado con Su ira Su compasión? (Sal 77:5-9).

Tal vez tú misma hayas pensado: “¿Será cierto lo que Dios prometió? ¿Se olvidó de mí?”. La respuesta para salir de ese hoyo mental es cambiar el enfoque. Asaf decide dejar de mirar su dolor presente para mirar la fidelidad pasada de Dios. Él dice:
Entonces dije: “Este es mi dolor:
Que la diestra del Altísimo ha cambiado”.
Me acordaré de las obras del Señor;
Ciertamente me acordaré de Tus maravillas antiguas.
Meditaré en toda Tu obra,
Y reflexionaré en Tus hechos (Sal 77:10-12).
En la prueba, nuestra visión se acorta y se nos cierra el mundo. Podemos llegar a pensar que Dios ha cambiado. Por eso es vital recordar. Recordar es el antídoto contra el olvido espiritual.

Dios no te ha olvidado, así que no lo olvides
Mujer, no pelees dando golpes al aire; lo mejor que puedes hacer es descansar en que Dios tiene el control. Dios no te ha olvidado. Hoy te invito a hacer lo mismo que Asaf: haz memoria. No olvides todo lo que Él ha hecho antes por ti. Recuerda las ocasiones en que guardó tu vida, cuando te alimentó, cuando cuidó de tus hijos, las sanidades y todas las veces que impidió que algo te dañara. Su dulce Espíritu Santo mora en ti y Él prometió estar contigo todos los días, hasta el fin del mundo. Y ten la certeza de que hoy está dentro de esos días. Él sigue aquí, contigo, por Su gracia.