Todos los días cuando voy a mi oficina, que es un viaje de cinco kilómetros, paso por doce lugares en los cuales venden comida y tres carteleras que están promocionando un especial de comida. A veces comienzo a tener hambre al simplemente ver uno de esos lugares. No cabe duda que el mundo está obsesionado con la comida.
He dicho “el mundo”, pero la verdad es que nosotros, los cristianos, también estamos obsesionados con la comida. ¿Cuántos creyentes ponen fotos de su comida en sus redes sociales? ¿Cuántos dan “me gusta” a una receta de un postre maravilloso? o cuando hablan con alguien de otro país, ¿Cuántos lo primero que preguntan es sobre la comida típica de ese país? El gusto por la comida no es pecaminoso; lo es cuando es una pasión más fuerte que una disciplina que la Escritura dice claramente que debemos practicar: el ayuno.
¿Qué es el ayuno?
Para contestar la pregunta necesitamos definir el ayuno. Según Donald Whitney “el ayuno cristiano es la abstinencia voluntaria de ingerir comida con propósitos espirituales”. El Dr. Martin Lloyd-Jones lo explica así: “Si verdaderamente consideramos el ayuno, no debemos limitarlo al tema de comida y bebida; el verdadero ayuno debería de consistir en incluir la abstinencia de cualquier cosa que es legítima en sí y para sí por motivo de algún propósito espiritual. Hay muchas funciones corporales que son correctas y normales y perfectamente legítimas, pero que por alguna razón peculiar en ciertas circunstancias deberían de ser controladas. Eso es ayunar”. John Piper en su libro Hambre de Dios dice: “El ayuno cristiano en sus raíces, es el hambre de la nostalgia por Dios… La flaqueza de nuestra hambre por Dios, no es porque Él sea insípido, sino porque nos mantenemos saturados con ‘otras cosas’”.
Basados en las definiciones de estos maestros bíblicos, el ayuno está relacionado principalmente con una disciplina o ejercicio cuyo objetivo es aprender a controlar los apetitos carnales para que el apetito por el Señor crezca, y al final sea sólo Él quien nos satisfaga. El ayuno es un medio de gracia dado por Dios para ejercitar la fe en Cristo. Le decimos a nuestro cuerpo que Cristo es nuestro pan, pues “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4:4).

¿Qué dice la Biblia sobre el ayuno?
Aunque la discusión aquí se limita al Nuevo Testamento, recomiendo que el lector visite los pasajes del Antiguo Testamento acerca del ayuno, como Isaías 58:3-11.
Primero, notemos las instrucciones de nuestro Señor Jesucristo en Mateo 6:16-18 y 9:14-17. Nota las palabras en Mateo 6:16 “y cuando ayunen” y en 6:17 “pero tú, cuando ayunes”. Donald Whitney dice “Hay una expectativa de parte de nuestro Señor que los creyentes deben de ayunar”. También Jesús dijo: “Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán” (Mt 9:15).

El apóstol Pablo, que es un ejemplo de fe y perseverancia para todo cristiano, también ayunó. Cuando Jesús se le apareció, leemos que “estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió” (Hch 9:9). Así mismo, cuando el Espíritu Santo lo llamó a las misiones, leemos que “mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: ‘Aparten a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado’” (Hch 13:2). Los líderes de la iglesia de Antioquía estaban ayunando y durante ese tiempo el Espíritu Santo les habló. Después de su primer viaje misionero, leemos que “Después que les designaron ancianos en cada iglesia, habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hch 14:23). Es interesante que el apóstol Pablo comenzó su vida en Cristo en ayuno, fue enviado a las misiones en ayuno y concluyó su primer viaje misionero en ayuno.
Adicionalmente a lo registrado en el Nuevo Testamento, la iglesia primitiva tenía como costumbre ayunar. Según la Didaché (breve manual de instrucciones para las primeras comunidades cristianas escrito a finales del primer siglo), la iglesia acostumbraba ayunar los miércoles y viernes.

¿Es el ayuno un deber cristiano?
Toda disciplina espiritual, incluido el ayuno, tiene como objetivo crecer en la piedad. El apóstol Pablo le dijo a Timoteo: “Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad” (1Ti 4:7). Debemos preguntarnos: ¿en qué área de mi vida necesito esforzarme más para ser más como Cristo? A continuación, reflexiona en algunas razones para ayunar:
- Examinar nuestro corazón. El pecado es muy real en la vida de los creyentes. R. C. Sproul dijo: “Si Dios nos revelara todo lo que hay en nuestro corazón moriríamos, pero Él, en Su gracia, nos muestra lo suficiente para que nos arrepintamos”. En el ayuno nos atrevemos a pedir lo mismo que David: “Examíname, oh SEÑOR, y pruébame; escudriña mi mente y mi corazón” (Sal 26:2).
- Aprender a sufrir. El ayuno es el ejercicio espiritual que nos enseña a “golpear nuestro cuerpo para que sea nuestro esclavo” (1Co 9:27). El sufrimiento puede ser un don de Dios y el ayuno nos ayuda a apreciar el sufrimiento. Es igual que el atleta que practica para mejorar en el deporte.
- Fortalecer la oración. Todos podemos decir que no oramos lo suficiente. El ayuno nos obliga a depender de Dios cuando tenemos hambre, y nos obliga a orar. El ayuno no es oración, pero sí podemos crecer en oración cuando ayunamos.
- Aprender a estar contentos con lo que Dios nos da. Pablo dice en referencia a la piedad: “Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento. Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos” (1Ti 6:6-8). El ayuno nos puede ayudar a tener contentamiento con los que Dios nos ha provisto, a ser agradecidos con la comida que tenemos y, por tanto, a no ser controlados por nuestros apetitos.
- Crecer en compasión por otros. En el ayuno podemos dejar de pensar en nuestras necesidades y enfocarnos en las necesidades de los demás. Dios puede crear compasión hacia los demás cuando estamos ayunando. Algunas cosas que podemos suplicarle son: la salvación de nuestros seres queridos, urgencia en el evangelismo y la vida de quienes están sufriendo.
- Aprender a vencer la tentación. Jesús fue tentado en el desierto por Satanás cuando estaba ayunando y venció a nuestro enemigo con la Palabra. Cuando ayunamos somos tentados a comer, ocuparnos en otras cosas y hasta enojarnos o ponernos de mal humor por el hambre. El ayuno nos puede ayudar a crear un estilo de vida de vencer la tentación y confiar en Cristo.
- Crecer en oración por las misiones. En Mateo 9:37-38 leemos: “La cosecha es mucha, pero los obreros pocos. Por tanto, pidan al Señor de la cosecha que envíe obreros a Su cosecha”. En el ayuno podemos rogar al Señor para que envíe obreros al campo misionero o, si el Señor nos está enviando a Su mies, podamos ayunar antes de ir, tal y como hicieron en Antioquía.

Sugerencias prácticas para el ayuno
No tenemos instrucciones específicas en la Biblia sobre cómo practicar el ayuno; por tanto, tenemos libertad en cuanto al tiempo y las prácticas particulares. Antes de darte unas sugerencias, quiero advertirte que si tienes alguna enfermedad relacionada con el metabolismo, o que pueda agudizarse por la práctica del ayuno, consultes con tu médico antes de hacerlo.
- Programa tu ayuno. Puede ser espontáneo, pero como cualquier otra disciplina, si no apartamos un tiempo específico en nuestra agenda, probablemente nunca la practicaremos. Verifica tu calendario y marca un día para dedicarte al ayuno. Ten una lista de versículos sobre los que meditarás durante el ayuno, una lista de oración y un propósito claro.
- Comienza dando pasos pequeños. Comienza con dejar la comida por un breve período de tiempo; por ejemplo, no participes del desayuno ni del almuerzo el primer día que ayunes. Cuando aprendas a vencer la urgencia de comer puedes hacerlo un día completo. Si primero no adquieres la disciplina, no pretendas que vas a poder ayunar todo un día la primera vez.
- Recuerda que cuando estés ayunando tendrás hambre. El ayuno tiene como objetivo crear hambre por Dios. Cuando te dé hambre física tómala como tu alarma para usar los medios de gracia que Dios te ha dado para acercarte más a Él. Cada vez que te dé hambre, reemplázalo con la meditación de la Palabra de Dios, cantos de adoración y oración. Estás intercambiando un placer terrenal (comer) por un gozo superior (Dios).
- No publiques tu ayuno. El Señor nos enseña en Mateo 6:16-18: “Y cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no hacer ver a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.

Aprendemos varios principios sobre el ayuno en este pasaje, pero la clave es “no pongas cara triste”. Por implicación, esta actividad debe producir gozo. Por favor, no lo publiques en tus redes sociales.
En Mateo 6:16-18, Cristo menciona dos veces una recompensa. La primera es en forma negativa sobre los que han recibido su recompensa en público y la segunda es una recompensa del Padre. Podemos confiar en la Palabra de Dios que el ayuno como una disciplina tiene recompensa cuando lo ejercitamos correctamente.
La recompensa del ayuno sobrepasa infinitamente el sacrificio de dejar de comer por un tiempo. Dejar de comer por un período para meditar en la Palabra, orar y reflexionar en Cristo no tiene comparación. Ni el mejor plato de comida preparado por el mejor cocinero del mundo se compara con la mesa que el Señor nos ha servido en medio de nuestro ayuno. Si estas son bendiciones que nos trae el ayuno ¿Por qué no practicarlo?