Abril 7
Pero Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen (Mateo 5:44).
Orar por tus enemigos es una de las formas de amor más profundas, porque significa que verdaderamente quieres que algo bueno les suceda.
Puedes hacer cosas buenas por tus enemigos sin ningún deseo genuino de que les vaya bien. Pero orar por ellos es algo que haces en la presencia de Dios, quien conoce tu corazón, y la oración consiste en interceder delante de Dios a favor de ellos.
Podría ser que oras por la conversión de ellos, podría ser por su arrepentimiento. Podría ser para que se despierten de la enemistad de su corazón. Podría ser para que abandonen esa espiral descendente de pecado, inclusive si se necesitara una enfermedad o calamidad para lograrlo. Pero la oración que Jesús tiene en mente aquí es siempre por el bien de ellos.
Esto es lo que Jesús hizo mientras estaba colgado en la cruz:
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lucas 23:34).
Y esto fue lo que hizo Esteban mientras lo apedreaban:
Cayendo de rodillas, clamó en alta voz: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado” (Hechos 7:60).
Jesús nos llama no solo a hacer buenas obras a nuestros enemigos, como saludarlos y ayudarles en sus necesidades (Mateo 5:47); Él también nos llama a desear lo mejor para ellos, y a expresar esos deseos en oraciones, incluso cuando el enemigo no esté escuchando.
Nuestro corazón debería desear su salvación, anhelar la presencia de ellos en el cielo y querer su felicidad eterna. Que Dios nos dé la gracia para orar como el apóstol Pablo lo hizo por el pueblo judío, muchos de los cuales le hicieron la vida muy difícil:
El deseo de mi corazón y mi oración a Dios por ellos es para su salvación (Romanos 10:1).
Devocional tomado del sermón“But I Say to You, Love Your Enemies, Part 2”.
