El rol de las mamás en la crianza de sus hijos varones

¿Qué necesita un niño para crecer y convertirse en un hombre piadoso? La enseñanza de la Palabra, la obediencia, el ejemplo de una feminidad fuerte y modelos de masculinidad bíblica son parte de la labor de una mamá en la crianza de sus hijos varones.
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Feliz día a todos. Gracias por escuchar el podcast. Con frecuencia nos hacen preguntas sobre la crianza de los hijos. Tú lo sabes, pastor John. Y no es raro escuchar a mamás que buscan consejos sobre cómo criar a los niños pequeños para que se conviertan en hombres. Esto se aplica a las mamás solteras y a sus desafíos especiales en la crianza, tema que abordamos en ya en otras ocasiones. Pero cuéntanos, pastor John, ¿qué consejo general le darías a las mamás cristianas, ya sean mamás solteras, mamás casadas con hombres no cristianos o mamás casadas con hombres cristianos? En estas diversas situaciones, ¿cuál es el papel de una mamá en la crianza de los niños?

John Piper

Lo primero que le diría a una mamá es: enseña a tu hijo. Enséñale especialmente la Palabra de Dios y cómo ver el mundo a través de ese lente. Si estás casada con un creyente, tú y tu esposo juntos le enseñen todo el consejo de Dios a tu hijo. «Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desampares la enseñanza de tu madre» (Proverbios 1:8). O bien: «Hijo mío, guarda el mandamiento de tu padre, y no desampares la enseñanza de tu madre» (Proverbios 6:20).

Recuerda, está esa maravillosa historia de Loida y Eunice en 2 Timoteo, donde Pablo le dice a este joven: «Persevera en lo que has aprendido y en lo que has creído firmemente, sabiendo de quién lo aprendiste» (2 Timoteo 3:14). ¿Y quiénes son ellas? Son su madre, Eunice, y su abuela, Loida (de 2 Timoteo 1:5). Eso lo sabemos. Y sabemos por los Hechos que su padre no era cristiano. Creo que eso debería ser un estímulo para las madres: que Pablo eligiera, para su equipo misionero, a un joven cuya fe había sido formada en gran medida por su madre y su abuela.

Exige obediencia

Lo siguiente que diría es que esperes obediencia de tu hijo. “Hijos, obedezcan a sus padres”, no solo a su padre, sino a padre y madre. Mamá, haz que tu hijo te obedezca. Que él obedezca “en el Señor” (Ef 6:1). Me entristece ver a niños de uno, dos, tres o cuatro años hacer la vida imposible a sus padres porque estos no les han exigido obediencia en casa. Por eso, en público, no tienen control sobre ellos. No reciben ningún tipo de respeto en público. Los niños simplemente hacen lo que les da la gana; tienen a sus padres comiendo de su mano.

Mamá, tú puedes exigir y recibir obediencia de tu hijo. Enséñale a este pequeño, desde muy temprana edad, con palabras y con azotes, si es necesario, que tú tienes la autoridad que Dios te ha dado sobre su vida. Él no decide qué comportamiento es aceptable. Tú lo decides, en todo momento. Recompénsalo con gozo. Hazlo feliz dentro de los límites que le establezcas. Haz todo el bien posible por él y castígalo adecuadamente por lo malo que haga. Eso es fundamental si quieres tener un hogar feliz y una vida pública feliz con tus hijos, y simplemente ser obediente a las Escrituras.

Sé un ejemplo de feminidad fuerte

Entonces diría: sé un ejemplo de feminidad fuerte. Pedro les dice a las mujeres de la iglesia: “ustedes han llegado a ser hijas de [Sara], si hacen el bien y no tienen miedo de nada que pueda aterrorizarlas” (1P 3:6). Me encanta ese versículo. La mujer piadosa de la Biblia no tiene miedo porque pone su esperanza en Dios. Eso es lo que dice. Ella pone su esperanza en Dios.

O Proverbios 31:25: “Fuerza y dignidad son su vestidura, y sonríe al futuro”. Ay, qué necesario es eso en nuestros días, ¿verdad? Todos están temblando y retorciéndose las manos por lo que vendrá, y la mujer de Proverbios 31 se ríe de lo que vendrá. Un hijo debe ver a su mamá no como una mujer débil que siempre está preocupada por el mañana, sino como un roble firme de justicia que se ríe de lo que vendrá porque confía en un Dios soberano.

Honra a tu esposo

Entonces te diría: honra el liderazgo y el instinto protector de tu esposo. Deja que tu hijo vea esto. “Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo” (Ef 5:24). Un hijo debe ver a una mujer fuerte que, con gozo, se somete a las iniciativas, el liderazgo, la protección y la provisión de su esposo, el liderazgo espiritual de un hombre fuerte. Por supuesto, una esposa cristiana no sigue a su esposo en el pecado (eso debería ser obvio). Ella deja claro: “Hay un solo Señor supremo en mi vida: Jesucristo”. Pero bajo ese señorío, se deleita en honrar el liderazgo de su esposo.

Una mamá fuerte

Y no puedo evitar ser un poco autobiográfico aquí porque creo que parte de mi forma de pensar sobre la competencia en el complementarismo se formó en mi casa. Crecí en un hogar donde mi papá estaba fuera dos tercios del año: semanas fuera, una semana en casa, semanas fuera, una semana en casa. Era evangelista. Mi mamá, en su ausencia, se encargaba de todo. Ella era, en mi opinión, omnicompetente.

Ella me enseñó prácticamente todo lo práctico que sé hasta el día de hoy, y me convirtió en una persona trabajadora. Me hizo amar la diligencia. Nunca, ni una sola vez, me dio la impresión de que no pudiera hacer algo. Pagaba las cuentas. Llevaba la pequeña lavandería. Intentó su fortuna con Amway. Se subía a una escalera y pintaba los aleros de la casa que se estaba pudriendo. Empujaba una carretilla, veía cómo le goteaba el sudor de la punta de la nariz mientras cavábamos nuestro propio sótano. Arrancaba el pasto y me enseñó a sacarlo de raíz para que no volviera a crecer. Le encantaban los macizos de flores. Me enseñó a cortar el césped para que las pasadas se superpusieran y no quedaran espacios al cortar.

Me decía: “Johnny, corta las papas así y espera a que el aceite esté hirviendo, porque si las pones antes de que el aceite esté hirviendo, se van a ablandar y no te saldrán buenas papas fritas. Y cuando hagas panqueques, espera a que se formen burbujas en los bordes, porque si intentas darles la vuelta demasiado pronto, se van a desparramar por todos lados”.

No se trata de competencia

Ella me enseñó todo lo que había que saber, en la práctica, en nuestra casa mientras crecía. Y eso me enseñó esta lección: los roles bíblicos de la sumisión de la esposa y el liderazgo del esposo en el matrimonio no se basan en la competencia, como decir: “Haces esto porque eres bueno en ello”. Ese no es el punto. Se basan en realidades más profundas de cómo Dios diseñó al hombre y a la mujer, y de cómo prosperamos en ese tipo de relaciones.

Pero cuando mi papá regresaba a casa después de estar fuera por semanas, mi mamá se llenaba de gozo porque ahora él podía liderar. Él lideraba en la disciplina de los niños. Él lideraba al dar consejos. Él lideraba al orar. Él lideraba diciendo: “Vamos a la iglesia. Lleguemos a tiempo”. Lideraba diciendo: “Vamos a comer afuera”. Podía dar el ejemplo de esas pequeñas atenciones que un hombre le ofrece a una mujer y que un niño necesita aprender en la dinámica entre una mamá y un papá: apartarle la silla, abrirle la puerta del auto, investigar ruidos extraños en la casa, y así sucesivamente.

Un hombre es un hombre, y una mujer es una mujer. Y un niño observa esto; lo absorbe. Así que, de niño, observaba ese baile, esa coreografía, y me maravillaba con mi mamá. Cuando papá no estaba, ella podía con todo; cuando él estaba presente, a ella le encantaba, florecía cuando él tomaba ese tipo de iniciativa varonil. Eso es lo que tenemos que mostrarles a nuestros hijos: que no están menospreciando ni degradando a nadie cuando toman la iniciativa de proteger, proveer y guiar a una mujer.

Dale ejemplos

Yo también diría que le muestres a tu hijo ejemplos de masculinidad fuerte en las Escrituras, en la historia, en la ficción, en los medios y en tu esposo. Cuando digo “masculinidad fuerte”, no me refiero necesariamente a la fuerza física. Lo que quiero decir es una iniciativa auténtica, masculina, responsable, madura, abnegada y protectora, con valentía y fortaleza.

No tienes que ser jugador de fútbol americano para ser ese tipo de hombre. Si no tienes un esposo que sirva de modelo, si eres mamá soltera, busca formas de mostrarle a tu hijo el tipo de hombres que encarnan la masculinidad madura. Creo que mi mamá fue muy sensible a que eso pasara en ausencia de mi papá.

Espera una masculinidad fuerte

Una última cosa. Espera una masculinidad fuerte de tu hijo. Dale responsabilidades al niño desde muy temprano. A medida que crezca, exígele todo lo que puedas en cuanto a su comportamiento varonil. Insiste en que sea cortés con su hermana, contigo, con otras mujeres y con otras chicas. Mi mamá me enseñó: “Nunca, jamás, revises el bolso de una chica”. Camina por el lado de la calle cuando vayas junto a una joven, por si hay salpicaduras o algún peligro. Ofrécete a abrirle la puerta. Paga la cuenta de la cita. Usa un lenguaje respetuoso. Asume la responsabilidad. Muéstrate dispuesto a hacer sacrificios. Como mujer, le inculcas a tu hijo cuáles son las dinámicas adecuadas entre un hombre y una mujer, para que tenga una comprensión bíblica del liderazgo y la sumisión.

Ahora, sé que hay mucho más que podríamos decir, ¡Claro que sí! Así que busca la sabiduría de Dios para crear un hogar sano que exalte a Cristo. Busca su sabiduría. Él te ayudará. Si papá está presente, eso es genial. Él es fundamental en la crianza de las hijas, igual que tú lo eres en la crianza de los hijos. Y si no está, si no está presente y eres una mamá soltera, confía en que Dios suplirá esa falta. Lo ha hecho por miles. Dios es fiel y obra a favor de las mamás que lo esperan.


Publicado originalmente en Ask Pastor John, Episodio 2045

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John Piper

John Piper

John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

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