Octubre 14
“He visto sus caminos, pero lo sanaré. Lo guiaré y le daré consuelo a él y a los que con él lloran, poniendo alabanza en los labios. Paz, paz al que está lejos y al que está cerca”,
dice el Señor, “y Yo lo sanaré” (Isaías 57:18-19).
A pesar de la gravedad de la enfermedad del hombre, la rebelión y la terquedad, Dios sanará. ¿Cómo sanará? Isaías 57:15 dice que Dios habita con el contrito y humilde de espíritu. Sin embargo, el pueblo de Isaías 57:17 no es humilde. Sigue descaradamente su propio camino orgulloso. Entonces, ¿cuál será la sanación?
Solo puede ser una cosa. Dios los sanará humillándolos. Curará al paciente aplastando su orgullo. Si solo los contritos y humildes de espíritu disfrutan de la comunión con Dios (Isaías 57:15), y si la enfermedad de Israel es una rebelión orgullosa y deliberada (Isaías 57:17), y si Dios promete sanarlos (Isaías 57:18), entonces su sanación debe ser humillante y su cura debe ser un espíritu contrito.
¿No es esta la manera en que Isaías profetiza lo que Jeremías llamó el nuevo pacto y el don de un corazón nuevo? “‘Vienen días’, declara el Señor, ‘en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto… Pondré Mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré. Entonces Yo seré su Dios y ellos serán Mi pueblo’” (Jeremías 31:31, 33).
Isaías y Jeremías prevén un tiempo venidero en el que un pueblo enfermo, desobediente y de corazón endurecido experimentará una transformación sobrenatural. Isaías habla de sanación. Jeremías habla de escribir la ley en sus corazones. Y Ezequiel lo expresa así: “Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes; quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne” (Ezequiel 36:26).
Así que la sanación indicada en Isaías 57:18 es un gran trasplante de corazón: se extrae el viejo corazón de piedra, endurecido, orgulloso y terco, y se coloca un nuevo corazón tierno, que se humilla y se contrita fácilmente por el recuerdo del pecado pasado, y por el pecado remanente.
Este es un corazón en el que el Altísimo, cuyo nombre es Santo, habitará para siempre.
Devocional tomado del sermón “The Lofty One Whose Name Is Holy”.
