Septiembre 25
Les dijo: “Fijen en su corazón todas las palabras con que les advierto hoy: ordenarán a sus hijos que obedezcan cuidadosamente todas las palabras de esta ley. Porque no es palabra inútil para ustedes; ciertamente es su vida. Por esta palabra prolongarán sus días en la tierra adonde ustedes van, cruzando el Jordán a fin de poseerla” (Deuteronomio 32:46-47).
La Palabra de Dios no es trivial; es un asunto de vida o muerte. Si tratas las Escrituras como trivialidades o como palabras vacías, pierdes la vida.
Incluso nuestra vida física depende de la Palabra de Dios, porque por Su Palabra fuimos creados (Salmo 33:6; Hebreos 11:3), y Él “sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder” (Hebreos 1:3).
Y nuestra vida espiritual comienza por la Palabra de Dios: “En el ejercicio de Su voluntad, Él nos hizo nacer por la palabra de verdad” (Santiago 1:18). “Pues han nacido de nuevo… mediante la palabra de Dios que vive y permanece” (1 Pedro 1:23).
No solo comenzamos a vivir por la Palabra de Dios, sino que también seguimos viviendo por ella: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4; Deuteronomio 8:3).
Entonces, nuestra vida física es creada y sustentada por la Palabra de Dios, y nuestra vida espiritual es vivificada y sustentada por la Palabra de Dios. ¡Cuántas historias podrían recopilarse para dar testimonio del poder de vida de la Palabra de Dios!
En efecto, la Biblia no es una palabra vacía para ti; ¡es tu vida! El fundamento de todo gozo es la vida. Nada es más fundamental que la existencia misma, es decir, nuestra creación y preservación.
Todo esto se debe al poder de la Palabra de Dios. Por ese mismo poder, Él ha hablado en las Escrituras para la creación y el sustento de nuestra vida espiritual. Por tanto, la Biblia no es una palabra vacía, sino tu vida misma: ¡el fundamento y el avivamiento de tu gozo!
