Abril 8
“Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres. Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: ‘Mía es la venganza, Yo pagaré’, dice el Señor… No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien”. Romanos 12:18-19, 21
Imagina a un niño que llega a casa de la escuela profundamente disgustado por algo que ha dicho o hecho otro niño. Al borde de las lágrimas por una herida que parece más grande que una montaña, sería fácil que pensara que nunca más volvería a hablar con el que le causó el daño, o que planeara cómo ajustar cuentas algún día.
Imagina, sin embargo, que sus padres le sugieren que escriba una simple nota, ofreciéndole tanto el perdón como la amistad al otro niño, y al día siguiente, después de haberlo hecho, puede informar con alegría: “¡Lo hice! Llevé la nota a la escuela y funcionó. Nos abrazamos y somos amigos. Fue genial”.
Esto es lo que significa obedecer el llamado de Pablo aquí para vivir en paz “en cuanto de ustedes dependa”. A veces, la paz será esquiva; pero que nunca sea por causa de alguna carencia de nuestra parte. Y que nunca sea porque estamos buscando o tramando una venganza. La venganza es un plato que solo Dios puede servir, nunca Su pueblo.
Francamente, la mayoría de nuestras disputas son solo versiones adultas de lo que ocurre en la infancia. Nuestra respuesta ante la injusticia dice mucho sobre lo que realmente creemos. ¿Vamos a devolver “mal por mal” (1 P 3:9), que es el camino del mundo, o vamos a responder según la mente de Cristo?
Todos nuestros conflictos y heridas palidecen en comparación con lo que enfrentó y sintió Jesús. Sin embargo, cuando Jesús fue insultado, no respondió con insultos. Cuando sufrió, no maldijo ni amenazó. No debemos cometer el gran error de aceptar la salvación de Jesús, pero ignorar Su ejemplo, y pasarnos la vida tratando de limpiar nuestros nombres, defender nuestras motivaciones y explicarnos, buscando reparación por cada mal y venganza por cada desprecio. Eso es lo que nos resulta natural; y lo que nos libera de ese camino es recordar que podemos confiar en que Dios vindicará a Su pueblo a Su debido tiempo. Se hará justicia, y no por nosotros.
Así que, ¿hay alguien a quien necesites acercarte para lograr la paz? ¿Hay alguien a quien le estás permitiendo experimentar ira en lugar de tu amor de alguna manera? Amado, deja la venganza a Dios, y vence el mal con el bien. Hoy.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
