Marzo 29
El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas? (Romanos 8:32)
Dios elimina el poder destructivo de cada sufrimiento. Debes creer esto o no lograrás crecer, o quizás ni siquiera sobrevivir como cristiano con las presiones y las tentaciones de la vida moderna.
Hay tanto sufrimiento, contratiempos y desánimos, tantas controversias y presiones, que no sé a dónde iría si no creyera que el Dios Todopoderoso está tomando todo contratiempo, desánimo, controversia, presión y sufrimiento para eliminar el poder destructivo que tienen, y hacer que sirvan para incrementar mi gozo en Dios.
Escucha las increíbles palabras de Pablo en 1 Corintios 3:21-23: “Así que nadie se jacte en los hombres, porque todo es de ustedes: ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o la vida, o la muerte, o lo presente, o lo por venir, todo es suyo, y ustedes de Cristo, y Cristo de Dios”. El mundo es nuestro. La vida es nuestra. La muerte es nuestra. Esto significa que: Dios reina de manera tan suprema a favor de Sus elegidos, que todo lo que enfrentemos durante el transcurso de nuestra vida en obediencia y en el ministerio estará sometido a la mano poderosa de Dios, y estará al servicio para nuestra santidad y gozo eterno en Dios.
Dios está a nuestro favor; y si Dios es Dios, entonces es cierto que nada puede tener éxito en contra nuestra. El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros; inevitablemente y sin reservas nos concederá con Él todas las cosas, todas las cosas, el mundo, la vida, la muerte y Dios mismo.
Romanos 8:32 es un amigo precioso. La promesa de la gracia de Dios para el futuro es incontenible, pero lo más importante es que es un fundamento de lo que he llamado: la lógica del cielo. Este es el lugar para pararse en contra de todo obstáculo. ¡Dios no negó ni a Su propio Hijo! ¡Por tanto¡ ¡Por tanto! Aquí viene la lógica del cielo. ¡Cuánto más, entonces, no hará todo esfuerzo para concederme todo lo que Cristo compró al morir, es decir, todas las cosas, todo lo bueno, y todo lo malo para nuestro bien!
¡Esto es tan seguro como la certeza de que Él amó a Su Hijo!
