Febrero 26
“La lengua es un fuego, un mundo de iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, es encendida por el infierno e inflama el curso de nuestra vida… Pero ningún hombre puede domar la lengua”. Santiago 3:6, 8
Hay tres cosas que nunca regresan: la flecha lanzada, la palabra hablada y la oportunidad perdida. Lo que decimos no puede ser retirado. Más aún, seremos llamados a dar cuenta por cada palabra que pronunciemos (incluso la que dijimos sin cuidado) en el día del juicio (ver Mt 12:36). Como lo dijo el rey Salomón: “El que guarda su boca, preserva su vida; el que mucho abre sus labios, termina en ruina” (Pro 13:3); y “Muerte y vida están en poder de la lengua” (18:21). Nuestras palabras pueden servir para animar, para nutrir y para sanar. Pero también pueden causar conflictos, crear disensiones y dañar. Salomón nos da una ilustración multifacética de lo que caracteriza a estas palabras dañinas. Él describe las palabras dañinas como imprudentes, como “golpes de espada” (12:18). Nuestras palabras a menudo salen sin que las controlemos y nos volvemos personas que “responden antes de escuchar” (18:13). “En las muchas palabras, la transgresión es inevitable” (10:19).
Hay personas que piensan que las palabras no pueden lastimar, a diferencia de cosas tangibles como un palo o una piedra, pero eso es totalmente equivocado. Las heridas pueden sanar y sus marcas pueden ser olvidadas, pero las palabras hacia nosotros o sobre nosotros tienden a permanecer por mucho más tiempo. Estas líneas son más verdaderas:
Una palabra insensata puede generar contienda,
Una palabra cruel puede arruinar una vida,
Una palabra amarga puede el odio provocar,
Una palabra brutal puede herir y matar.
Sería difícil estimar cuántas amistades han sido rotas, cuántas reputaciones arruinadas o la paz de cuántos hogares destruida por palabras dañinas. La fuente de esta animosidad y lenguaje abusivo, según Santiago, es nada menos que el infierno mismo. Sí, nuestra lengua es “un fuego” y “ningún hombre puede domar la lengua” sin la obra del Espíritu Santo de Dios.
Detente y piensa en cuántas palabras has utilizado en las últimas veinticuatro horas y en cómo las utilizaste. “Muerte y vida están en poder de la lengua”. Así que, ¿alguna de tus palabras causó daño o desanimó a alguien de alguna manera? Este es un pecado del que debemos arrepentirnos y apartarnos. ¿Es esto algo que debes hacer ahora, tanto delante de Dios como de la persona a quien dijiste estas palabras?
Luego, piensa en las palabras que podrías pronunciar en las próximas veinticuatro horas. ¿Cómo puedes usarlas para dar vida? ¿Cómo puedes reflejar a Aquel que “no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en Su boca”? En cambio, Él, “cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando… Él mismo llevó nuestros pecados… a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia” (1P 2:22-24).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
