Febrero 18
Cuando se hizo de día, los judíos tramaron una conspiración y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo (Hechos 23:12).
¿Y qué pasó con esos hombres hambrientos que prometieron no comer nada hasta que hubieran tendido una emboscada a Pablo?
Leemos sobre ellos en Hechos 23:12: “Cuando se hizo de día, los judíos tramaron una conspiración y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo”. No funcionó. ¿Por qué? Porque una serie de eventos poco probables ocurrieron:
- Un niño escuchó la conspiración.
- El niño era el hijo de la hermana de Pablo.
- El niño tuvo el valor de ir donde el centurión romano que vigilaba a Pablo.
- El centurión lo tomó en serio y lo llevó al comandante.
- El comandante le creyó y preparó “200 soldados… con setenta jinetes y 200 lanceros” para trasladar a Pablo con seguridad.
Todos esos eventos fueron altamente improbables. Extraños. Pero eso fue lo que sucedió.
¿Qué es lo que hicieron mal los hombres hambrientos esperando en la emboscada? No tuvieron en cuenta lo que le sucedió a Pablo justo antes de que hicieran su plan. El Señor se le apareció a Pablo en la prisión y le dijo: “Ten ánimo, porque como has testificado fielmente de Mi causa en Jerusalén, así has de testificar también en Roma” (Hechos 23:11).
Cristo dijo que Pablo iría a Roma, y eso sucedió. Ninguna emboscada puede oponerse a la promesa de Cristo. Hasta que llegara a Roma, Pablo sería inmortal. Había un testimonio final que debía ser dado, y Cristo se aseguraría de que Pablo lo diera.
Tú también tienes un testimonio que dar, y serás inmortal hasta que lo hayas dado.
Devocional tomado del artículo “Nothing Stands Against Christ”.
