Febrero 17
“Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa), para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra”. Efesios 6:1-3
En dos ocasiones, cuando Pablo da a sus lectores una larga lista de los frutos espantosos de la impiedad, justo en medio de ellos encontramos una pequeña frase: “desobedientes a los padres” (Ro 1:30; 2Ti 3:2). De manera similar, cuando lees la historia de la iglesia, descubres que, en momentos de avivamiento espiritual, se desarrollaba una piedad práctica, incluyendo la sumisión de los hijos a la autoridad piadosa de sus padres. La obediencia de los hijos a sus padres no es una mera sugerencia; es una obligación. La Escritura enseña que esta obediencia es correcta según el orden natural de la creación de Dios, conforme a Su ley y como respuesta al evangelio. Los padres no deben tener miedo de pedir y elogiar la obediencia. Pero Pablo no solo dice que la obediencia es correcta; también dice que tiene recompensa. En Jesús, existe una bendición que acompaña a prestar atención a los mandamientos y a las promesas de Dios. Cuando la relación entre los padres y los hijos está marcada por amor, confianza y obediencia, el resultado no es solo personas sanas; creamos una sociedad igual de sana. Los padres que desean provocar tal obediencia harían bien en recordar cinco verdades importantes que la Biblia enseña sobre nuestros hijos:
- “Un don del Señor son los hijos” (Sal 127:3). Son un don y una bendición. Pensar en nuestros hijos debe movernos a la gratitud hacia el Dador de esos hijos.
- Nosotros no somos dueños de nuestros hijos; le pertenecen a Dios. Los tenemos prestados, por un tiempo limitado.
- Los hijos tienen defectos desde la concepción, son culpables de pecado y no merecen la vida eterna… igual que el resto de nosotros (Sal 58:3; Ro 3:23).
- Ya que son pecadores, los hijos tienen la necesidad de los mandamientos de Dios. Como padres, somos responsables de instruirlos en la ley de Dios desde la edad más temprana.
- Nuestros hijos pueden ser salvos solo por gracia. Por lo tanto, debemos enseñarles a mirar solo a Jesús para recibir salvación.
Muchos de nosotros vivimos en una cultura que se opone a estas verdades. Por un lado, los hijos son vistos como inherentemente buenos y su educación, salud y felicidad son consideradas el bien supremo. Por otra parte, a menudo son objeto de chistes o de quejas. A veces, incluso dentro de la iglesia, existe una ausencia de enseñanza clara y bíblica sobre la crianza de los hijos. Sin embargo, esto es lo que dice Dios: los hijos que crecen en el hogar deben obedecer a sus padres; los padres deben criar a sus hijos de manera que conozcan la ley y la gracia de Dios. Si queremos criar en nuestros hogares e iglesias una generación más piadosa y santa que la nuestra, haríamos bien en educar a nuestros hijos en el contexto de la verdad de Dios. Muchos de nosotros somos padres con hijos en el hogar. Todos nosotros somos miembros de iglesias con niños a nuestro alrededor. Así que, ¿cómo debería reflejarse tu contribución a la salud espiritual de la siguiente generación?
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
