Enero 18
“Y como solía hacerlo antes [Daniel], continuó arrodillándose tres veces al día, orando y dando gracias delante de su Dios” Daniel 6:10
Un compromiso a mediano plazo no es demasiado difícil. Lo que es más difícil para nosotros es una constancia disciplinada; aunque es clave para nuestro crecimiento espiritual. La naturaleza a menudo esporádica de nuestros compromisos se vista en programas de ejercicio y de memorización bíblica, en planes de lectura y en propósitos de Año Nuevo… todos de corta duración. ¿Cuántos de nosotros comenzamos algo bien, solo para abandonarlo después? Sin embargo, de la misma manera, es probable que te hayas encontrado con gente que es increíblemente constante y disciplinada. Salen a pasear a su perro exactamente a la misma hora o recogen su correo con tanta precisión que podrías ajustar tu reloj tan solo verlos y, cuando se fijan una meta o el aprendizaje de una nueva habilidad, lo hacen con tanta diligencia que no te quedan dudas de que lo lograrán.
Daniel era un hombre que mostraba esta constancia disciplinada cuando se trataba de la oración. Su vida no estaba marcada por destellos de entusiasmo, seguidos de inercia cíclica. Claramente, él oraba cuando sentía ganas de hacerlo y también cuando no. Probablemente, hubo veces cuando se levantó de sus rodillas sintiéndose realmente bendecido y, otras, cuando terminó no sintiéndose igual, pero él perseveró. Él oraba, y oraba, y oraba sin importar las circunstancias. ¡Eso es disciplina! Cuando la crisis llegó, no provocó en Daniel un estilo de vida disciplinado; simplemente, lo reveló. Después que el rey Darío promulgara un edicto que volvía ilegal orar a cualquier dios u hombre que no fuera él durante treinta días (Dn 6:7), Daniel pudo haber justificado obedecer al rey en lugar del Señor. Él pudo haber razonado que, ya que había acumulado suficientes créditos por la fuerza de tantos años de oración, podía permitirse vacaciones de un mes. No obstante, aparentemente, tales pensamientos nunca cruzaron por su mente. En cambio, continuó orando “como solía hacerlo antes”.
Es evidente que existe una conexión entre la vida de oración de Daniel y la valentía que desplegó al obedecer al Dios de Israel en lugar del rey más poderoso del mundo conocido. Nuestro Señor también nos enseñó que debíamos “orar en todo tiempo, y no desmayar” (Lc 18:1). No debemos abandonar la oración por un tiempo si nos sentimos con ganas o si no tenemos suficiente tiempo libre. Si queremos vivir para Jesús cuando estemos bajo presión, nuestra vida de oración debe ser constante. Debemos considerar la oración como un elemento fundamental de nuestra fe, no solo como un bonito suplemento.
La puerta está abierta para que puedas demostrar el mismo tipo de compromiso constante que Daniel. A través de la disciplina regular, la oración puede convertirse en tu reacción natural en cada situación de la vida. ¿Necesitas apartar un tiempo cada día para orar y darle gracias a Dios, pase lo que pase? Que nuestra oración sea constante, sin importar a dónde nos lleve Dios, sin importar lo que nosotros hagamos o qué implique Su plan.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
