Enero 9
“Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar”. Mateo 11:28
Cuando recibes alguna invitación, probablemente te preguntas las mismas cosas: ¿De quién viene? ¿Para quién es? ¿Por qué importa? Este versículo presenta una de las invitaciones más increíbles en todo el Nuevo Testamento; sin embargo, para entenderlo, debemos hacernos las mismas preguntas.
Primero, esta es una invitación personal. No es una invitación a un programa, ni a una religión o filosofía que aparece a la par del hinduismo, del budismo, del confucionismo, del esoterismo, del humanismo ni de ningún otro “ismo” que pudieras encontrar entre las cosmovisiones modernas. Es una invitación de Jesús mismo. Él nos llama a cada uno de nosotros: “Ven a Mí”.
La importancia de la invitación está en Aquel que la hace. En los Evangelios, Jesús declara quién es Él: el Mesías, el Salvador del mundo, el Hijo de Dios (ver Jn 4:25-26; 1 Jn 4:14). En virtud de esta identidad, Jesús podría obligarnos a responder; en cambio, Él extiende una invitación. ¿A quién invita a venir a Él? A “todos los que están cansados y cargados”. Esta invitación es universal. No se limita a un grupo de entre otro más grande, sino que describe a la humanidad entera. Cada uno de nosotros necesita escuchar estas palabras, porque no existe una sola persona que no vaya por la vida empujando una carretilla figurada, llena de preocupaciones, responsabilidades, temores y fracasos que componen su existencia.
¿Por qué importa todo esto? Jesús nos invita a hallar “descanso para [nuestras] almas”. Él está hablando en términos eternos de un descanso que nunca termina. Él nos llama a un banquete y ni siquiera nos pide que llevemos nuestra propia ropa para la ocasión. Nosotros nos presentamos al banquete tal como somos. Dios toma todas las ropas que dicen: “Aquí están mis buenas obras”, esas que a tantos de nosotros nos encanta llevar, las llama trapos y las echa a la basura. Toma todas esas ropas que dicen: “Soy demasiado malo y estoy en demasiados problemas como para tener esperanza” y también las echa a un lado. En su lugar, nos cubre con el “manto de justicia” (Is 61:10) que Jesucristo mismo provee. Podemos descansar de nuestro esfuerzo por convertirnos en algo digno y por ganar el cielo por nuestros medios cuando venimos a Jesús y recibimos todo lo que necesitamos, todo lo que podríamos necesitar, de Él.
Esta es la invitación de invitaciones. Hoy, por primera y milésima vez, lleva a Él tus cargas. Recibe Su descanso.
Tal como soy, sin más decir,
Que a otro yo no puedo ir,
Y Tú me invitas a venir;
bendito Cristo, heme aquí.¹
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
1 Charlotte Elliot, “Tal como soy, sin más decir”, trad. Joseph Henry Gilmore (1835).
