Febrero 11
Porque el que fue llamado por el Señor siendo esclavo, hombre libre es del Señor. De la misma manera, el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo (1 Corintios 7:22).
Yo habría esperado que Pablo intercambiara los lugares de Señor y Cristo.
Él relaciona nuestra liberación con el hecho de que Jesús es nuestro Amo (“libre es del Señor”), y relaciona nuestra esclavitud con Jesús como nuestro Mesías (“esclavo es de Cristo”). Esto resulta extraño porque el Mesías vino a liberar a Su pueblo de sus captores, y los amos toman el control de la vida de sus esclavos.
¿Por qué lo dice de esta manera? ¿Por qué relacionar esclavitud (en lugar de liberación) con el Mesías, y liberación (en lugar de esclavitud) con Señor?
Una sugerencia: el intercambio tiene dos efectos en nuestra nueva libertad y dos efectos en nuestra nueva esclavitud.
Al llamarnos “libres del Señor”, asegura y limita nuestra nueva libertad:
1. Su señorío está por encima del de todos los otros señores, por lo que nuestra liberación no está en duda, sino que es segura.
2. Pero, al ser liberados de los otros señores, no nos liberamos de Él. Nuestra libertad es misericordiosamente limitada. Jesús es nuestro amo.
Al llamarnos “esclavos de Cristo”, suaviza y endulza nuestra esclavitud:
1. El Mesías reclama a los que son Suyos desde los confines del cautiverio para llevarlos a espacios amplios de paz: “El aumento de Su soberanía y de la paz no tendrán fin” (Isaías 9:7).
2. Y Él los hace Suyos para darles el gozo más dulce: “Con miel de la peña te saciaría” (Salmos 81:16). Y esa peña o Roca es Cristo, el Mesías.
Cristiano, alégrate en esto: “El que fue llamado por el Señor siendo esclavo, hombre libre es del Señor”, el Amo. “De la misma manera, el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo”, el suave y dulce Mesías.
Devocional tomado del artículo “The Happy Paradoxes of Christian Freedom and Slavery”.
