Esta es la pregunta que hice recientemente en un desayuno de hombres en mi iglesia. Los hombres ofrecieron de buena gana una variedad de respuestas bíblicas sólidas: la iglesia, el amor, la verdad, los cristianos individuales, el evangelismo, la oración, los marginados y una gran cantidad de otras respuestas.
En los días previos a este evento, estuve leyendo el Evangelio de Mateo en mis lecturas diarias personales. Al hacerlo, me llamaron la atención dos cosas que parecen importantes para Jesús en Mateo 22 – 23. Según estos capítulos, me parece que para Jesús es importante conocer las Escrituras y vivir con integridad.
Conocer las Escrituras
En Mateo 22:23-33, se nos relata la discusión entre Jesús y los saduceos acerca de la resurrección. Los saduceos, un grupo religioso judío, no creían en la resurrección, por lo que idearon un escenario ridículo en el que una mujer se casa con siete hermanos, uno tras otro a medida que cada uno fallece. “Por tanto, en la resurrección, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque todos ellos la tuvieron” (v 28). Jesús responde diciéndoles que están “equivocados, por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios” (v 29). Jesús les recrimina porque no conocen las Escrituras.

Hay dos aspectos en la respuesta de Jesús. Primero, los saduceos no conocen las Escrituras. Segundo, no conocen el poder de Dios. Sin embargo, estos dos aspectos están interrelacionados. Consideremos la declaración de Pablo en Romanos: “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego” (Ro 1:16). Las Escrituras y el poder están estrechamente vinculados; no se puede experimentar plenamente uno sin el otro.
Evidentemente, Jesús considera que conocer las Escrituras es vital. Pero el conocimiento no es lo único que Él considera importante.

Vivir íntegramente
En Mateo 23, Jesús dirige Su atención a otros dos grupos religiosos judíos: los fariseos y los escribas. Aquí, Jesús pronuncia lo que podrían considerarse las “antibienaventuranzas”, al declarar siete “ayes”. Mientras que las bienaventuranzas son declaraciones de favor divino, estos ayes son pronunciamientos proféticos de juicio.

La principal crítica de Jesús hacia estos dos grupos es que no practican lo que predican (Mt 23:3). De hecho, en estos siete ayes, los tilda de hipócritas seis veces (vv 13, 15, 23, 25, 27, 29). Los fariseos y los escribas son personas de doble cara, personas que simulan y que exigen más de sus oyentes de lo que esperan de sí mismos. En resumen, su vida no coincidía con su doctrina.
Claramente, para Jesús es importante que las personas vivan con integridad. La creencia debe coincidir con el comportamiento; la doctrina debe alinearse con las acciones.

Exigencias con compasión
De acuerdo con lo que Mateo registró en su Evangelio, Jesús ve al menos dos cosas como primordiales: conocer las Escrituras y vivir con integridad. Más aún, no solo las ve como importantes, sino que las exige a Sus seguidores. Después de todo, lo que está registrado en las Escrituras es para nuestro beneficio (ver Ro 4:23-24). Si queremos valorar lo que Jesús valora, debemos conocer las Escrituras y vivir con integridad.

Jesús no nos exige estas cosas como un maestro severo que nos llama con un dedo autoritario. Más bien, Jesús es como un amigo cariñoso que pone Su brazo sobre nuestro hombro y nos anima a seguir adelante señalando el camino. Nuestro Salvador nos exige compasivamente que conozcamos las Escrituras y vivamos con integridad. Esto no las hace menos urgentes; al contrario, las hace más relevantes, porque son las dos formas principales en las que evidenciamos el cambio que Jesús ha operado en nuestras vidas.
Que nosotros, con el ánimo de Cristo, crezcamos siempre en el conocimiento de las Escrituras y en una vida de integridad. Valoremos lo que es importante para Jesús.
Publicado originalmente en For the Church.