Febrero 4
“Venga Tu reino”. Lucas 11:2
El reino de Dios es totalmente diferente a cualquier reino terrenal que haya existido o que existirá. Los reinos terrenales se mueven bajo los caprichos de soberanos con poder limitado e, inevitablemente, declinarán. Sin embargo, el reino de Dios es mucho más que una entidad geopolítica o una reliquia histórica. Es eterno, universal y personal; y Su dominio sobre él permanece por todas las generaciones (Sal 145:13).
Debemos tener en mente estas verdades cuando oramos: “Venga Tu reino”. Cuando seguimos el ejemplo de Jesús y oramos de esta manera, una de las cosas que le pedimos es que el gobierno soberano de Dios pueda establecerse cada vez más en nuestro corazón y vida. Oramos para que los que conocen a Cristo puedan vivir en sumisión creciente y más gozosa a Su gobierno.
Esta cosmovisión es radicalmente diferente a cualquier otra que enfrentamos en nuestro día a día. En su mayoría, la cultura occidental exalta los logros personales y la autosuficiencia. Se nos anima a creer que estamos en control. En cambio, cuando el reino de Dios viene a nuestra vida, cuando oramos para que Jesús tome el lugar que merece en el trono de nuestro corazón, sucede una revolución. Ya no somos más esclavos del pecado. El Rey de la creación habita en nuestra vida y comienza a conformarnos a la imagen de Su Hijo (Ro 8:29). Cuando oramos de esta manera, el Espíritu Santo nos ministra al establecer el gobierno de Dios como Rey en cada dimensión de nuestra vida.
Y eso no es todo. Cuando oramos: “Venga Tu reino”, también reconocemos que Dios es Rey de las naciones, que gobierna sobre todos los asuntos del tiempo. Isaías describe a Dios silbando a cada nación para que venga “desde los confines de la tierra” y, he aquí, “vendrá muy pronto, con rapidez” (Is 5:26). El Rey llama a las naciones como llamaríamos a nuestro perrito a la casa. Cuando Él silba, ellas obedecen a Su orden.
Por lo tanto, no hay necesidad de entrar en pánico ni de sentirnos tiranizados por los cambios en los poderes terrenales. En cambio, podemos regocijarnos en el Señor, nuestro Rey, quien es soberano sobre todas estas cosas.
Su reino durará,
de todo es Señor.
Sobre la muerte
Y el infierno
Él triunfó.
Alzad la voz
y alabad.
Cantad al Rey,
loor cantad.¹
1 Charles Wesley, “A Cristo, Rey Jesús”, trad. desconocido (1744).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
