Febrero 24
“Yo envío a Mi mensajero, y él preparará el camino delante de Mí. Y vendrá de repente a Su templo el Señor a quien ustedes buscan; el mensajero del pacto en quien ustedes se complacen, ya viene”, dice el SEÑOR de los ejércitos”. Malaquías 3:1
El pueblo de Dios es un pueblo que espera.
Después del regreso del destierro en Babilonia, los “profetas menores”, Hageo, Zacarías y Malaquías, llevaron la palabra de Dios a Su pueblo. Su mensaje fue similar a lo que sus predecesores habían dicho, antes que el pueblo fuera al cautiverio: ¡Ustedes, israelitas, son ridículos! Rompen el pacto una y otra vez. Y, si siguen rompiendo el pacto, Dios vendrá en juicio. Pero el mensaje de los profetas menores no fue solo de juicio. También había esperanza.
Físicamente, habían regresado a la tierra; pero, espiritualmente, el pueblo seguía en el exilio. Judá (todo lo que quedaba de Israel) se aferró a la esperanza de que Dios cumpliría Su promesa y que Su pueblo podría disfrutar de Sus bendiciones. No obstante, el reino de Dios aún no había llegado de la manera en que los profetas anteriores habían declarado que sucedería… porque el Rey de Dios todavía no había llegado. Así que el pueblo seguía esperando que el Señor regresara y cumpliera todas las promesas de salvación.
Malaquías, el último profeta del Antiguo Testamento, insistió en que el Rey todavía aparecería… pero lo que sucedió a continuación fueron cuatrocientos años de silencio. Las personas nacían, se ocupaban de sus asuntos, trabajaban y morían, y el ciclo continuaba. Probablemente, se preguntaban unos a otros: “¿Qué pasa con estas palabras: ‘Yo envío a Mi mensajero, y él preparará el camino delante de Mí’? Han pasado siglos desde esa promesa”.
Eventualmente, algunas de esas personas podrían haber estado de camino al mercado cuando un personaje de apariencia graciosa con un atuendo extraño y una dieta exótica apareció en las calles, citando el Antiguo Testamento: “He aquí, Yo envío Mi mensajero delante de Ti, el cual preparará Tu camino. Voz del que clama en el desierto: ‘Preparen el camino del Señor, hagan derechas Sus sendas’” (Mr 1:2-3). Con estas palabras, Juan el bautista puso fin a generaciones de silencio. Después de muchos años de espera, Dios estaba siendo fiel en cumplir Sus promesas, tal como lo ha hecho siempre. Él envió a ambos: Su mensajero y Su Rey, para que todo el pueblo pudiera experimentar Su bendición; es decir, el cumplimiento de la salvación por medio de Jesucristo.
En nuestros días, el pueblo de Dios sigue mirando hacia el futuro. Sabemos que Jesús ha venido; también sabemos que regresará. El reino de Dios todavía no ha llegado a su gloriosa plenitud. Por tanto, somos un pueblo que espera en un mundo de gratificación instantánea, un pueblo expectante en un mundo de rápidas desilusiones.
Cuando parece que Dios está demorando demasiado en cumplir Sus promesas en tu vida, no pierdas la esperanza. Generación a generación, Él ha probado ser fiel y, al enviar a Jesús, introdujo al que cumplió cada promesa. Puedes descansar en Su constancia. “Sí”, dice Jesús, “vengo pronto” (Ap 22:20). Él hará exactamente como ha dicho.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
