Abril 6
Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, conforme a mi evangelio (2 Timoteo 2:8).
Pablo menciona dos maneras específicas de recordar a Jesús: como resucitado de entre los muertos y como descendiente de David. ¿Por qué recordar a Jesús de estas dos formas?
Porque si Él resucitó de entre los muertos, está vivo y triunfante sobre la muerte, ¡incluida nuestra muerte! “Pero si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de Su Espíritu que habita en ustedes” (Romanos 8:11).
Eso significa que, sin importar qué tan terrible sea, lo peor que puede hacernos el sufrimiento en esta tierra es matarnos. Y Jesús le ha quitado el aguijón a ese enemigo. Él está vivo, y tú vivirás. “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” (Mateo 10:28).
Pero aún más que eso, la resurrección de Jesús no fue una resurrección cualquiera. Fue la resurrección del hijo de David. “Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David”. ¿Por qué dice Pablo eso?
Porque todo judío sabía lo que eso significa: que Jesús es el Mesías (Juan 7:42). Eso significa que esta resurrección no es una resurrección cualquiera, sino la resurrección de un Rey eterno. Escuchemos las palabras del ángel a María, la madre de Jesús:
Concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de Su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y Su reino no tendrá fin (Lucas 1:31-33).
Entonces, recuerda a Jesús, a quien sirves y por quien sufres. Él no solo resucitó de entre los muertos, sino que está vivo como Rey que reinará para siempre; Su reino no tendrá fin. No importa lo que te hagan, no tienes por qué temer. Resucitarás. Y reinarás con Él.
