Abril 3
Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico (Romanos 7:19).
Los cristianos no vivimos solamente en derrota, pero tampoco vivimos solo en perfecta victoria sobre el pecado. Y para esas ocasiones en que no logramos triunfar sobre el pecado, Romanos 7:13-25 nos muestra la manera en que un cristiano saludable debería responder.
Deberíamos decir lo siguiente:
1. Me deleito en la ley de Dios (versículo 22).
2. Aborrezco lo que acabo de hacer (versículo 15).
3. ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? (versículo 24).
4. ¡Gracias a Dios! La victoria vendrá por medio de Jesucristo, mi Señor (versículo 25).
En otras palabras, ningún cristiano quiere vivir en derrota. Ningún cristiano se siente cómodo viviendo en derrota. Pero si vivimos en derrota por un tiempo, no deberíamos mentir al respecto.
Nada de hipocresías, ni fingimientos, ni alardeo de perfeccionismo. Tampoco, nada de mostrar sonrisas fingidas en la iglesia, ni una superficialidad barata.
Y más aún, que Dios nos libre de la ceguera ante nuestros propios fracasos y de la rapidez para juzgar a los demás.
Dios, ayúdanos a sentirnos peor acerca de nuestras propias faltas que por las deficiencias de otros.
¡Dios, danos la honestidad, la pureza y la humildad del apóstol Pablo en este texto! “Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7:24-25).
Devocional tomado del sermón “Who Is This Divided Man? Part 4”.
