Enero 20
“Enséñanos a contar de tal modo nuestros días,
que traigamos al corazón sabiduría.” Salmo 90:12
En su libro Ojalá fuera cierto, Marc Levy anima a sus lectores a imaginar que un banco deposita en su cuenta 86.400 dólares cada mañana. Sin embargo, la cuenta no puede conservar el saldo al final de cada día y elimina todo lo que queda. Tú, ¿qué harías? Por supuesto, retirarías hasta el último centavo.¹
Después, él señala que sí tenemos un banco así: se llama tiempo. Cada mañana se nos dan 86.400 segundos y, cada noche, perdemos todo el tiempo que no empleamos de manera sabia. No existe un saldo ni un sobregiro al final; solo podemos vivir con el saldo de hoy y esperar sacar el mayor provecho que podamos de él.¹
Aunque los cristianos tenemos la esperanza certera de la vida eterna, nuestro tiempo en esta tierra sigue siendo limitado. Por eso, Moisés nos recuerda en el Salmo 90, a la luz de la brevedad de nuestra existencia humana y de la eternidad de Dios, que debemos contar nuestros días de tal manera que traigamos al corazón sabiduría.
En nuestra cultura ocupada, podemos preocuparnos tanto por vivir para el momento que no reconocemos la relación entre nuestra mortalidad y el pecado. Si no tenemos respuesta alguna a la muerte y no queremos pasar la vida temiéndola, lo mejor que podemos hacer es ignorarla y vivir como si nuestros días no estuvieran contados.
Sin embargo, en la resurrección de Jesucristo, encontramos la respuesta a la muerte, de manera que ya no es necesario temerla. Nuestra vida puede confiar y dar testimonio del cuidado providencial de Dios que le da sustento, fundamento y significado a nuestra existencia. Necesitamos que Dios haga penetrar esta verdad en nuestro corazón y mente.
Contar nuestros días de manera correcta es un resultado tanto de una transformación interna que realiza el Espíritu de Dios en el tiempo como de un esfuerzo consciente por usar nuestro tiempo a la luz de la eternidad. ¡Y no existe mejor día que hoy para comenzar a contar nuestros días así! No volveremos a tener esta edad ni un solo momento más. Cuando te encuentras con hombres y mujeres cristianos de edad avanzada que demuestran una profunda sabiduría y que están satisfechos con la manera como utilizaron su vida, es por los compromisos que hicieron en la flor de su vida. Su ejemplo debería inspirarnos a seguir el consejo de Eclesiastés: “Acuérdate… de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y se acerquen los años en que digas: ‘No tengo en ellos placer’” (Ec 12:1).
Sé tan determinado en evitar perder tiempo en esta vida como lo eres en evitar malgastar el dinero de tu cuenta bancaria. Atesora los momentos rutinarios y aparentemente insignificantes y pídele a Dios que los use para marcar una diferencia en tu alma y en los que están a tu alrededor. Haz que cada segundo cuente para Cristo.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
1 Marc Levy, Ojalá fuera cierto (Roca, 2005), 208.
