Marzo 23
“Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación”. Santiago 1:17
¿Alguna vez has estado comprando un regalo sin la menor idea de lo que el receptor necesitaba o quería? Ni siquiera sabías de qué tamaño ni color comprar el suéter, ni si el juguete era adecuado para la edad del niño, así que eventualmente exclamaste con desesperación: “¡Compraré cualquier cosa! De todos modos, lo devolverán. ¿A quién le importa?”.
Dar regalos no siempre es tan fácil ni tan placentero como debería ser. La realidad del asunto es que, incluso los mejores dadores no pueden dar regalos perfectos siempre porque todos tenemos fallas. Nos falta el entendimiento y el conocimiento y, a veces, los recursos o incluso la voluntad para dar el regalo correcto. En esto, somos completamente diferentes a Dios, porque Él es el dador de dones perfectos, y solo de dones perfectos. Él es espontáneamente bueno y sobreabunda con generosidad. Él da sin esperar nada a cambio y no restringe Su bondad con base en lo que el receptor merece. Ningún don Suyo necesita estar sujeto a devolución.
No solo Dios es perfectamente generoso, sino que Su generosidad tampoco cambia. Incluso a los mejores padres terrenales es necesario acercarse en el momento correcto y de la manera correcta, porque pueden ser inconsistentes. Los niños aprenden a escoger estos momentos. Como adolescente, me resultaba fácil interpretar el lenguaje corporal de mi padre mientras estaba en espera de una llamada de la compañía eléctrica y pensar: “No estoy seguro de que ahora sea el momento adecuado para pedir dos llantas nuevas para mi auto”.
Sin embargo, con nuestro Padre celestial, no tenemos que preocuparnos de si es o no el momento adecuado para acercarnos a Él. No es voluble ni rápido para airarse. Podemos confiar en que siempre actuará de manera apropiada. Nunca lo encontraremos distraído, sin posibilidades, no disponible ni indispuesto. A través de Cristo, Él está accesible y responde a los clamores de nuestro corazón y a nuestras preocupaciones diarias.
Somos hijos de Dios y una de las maneras en que el Padre expresa Su amor por nosotros es en Sus dones perfectos para nosotros. Por lo tanto, una marca de todo hijo Suyo debe ser la gratitud. Si conocemos el carácter de nuestro Padre, ¿cómo podemos no ser agradecidos, incluso cuando Sus dones no son los que habríamos elegido para nosotros mismos? Así que presta atención y cuenta tus bendiciones a diario. Recuerda que todas las cosas buenas son dádivas de Él. Asegúrate de decirle:
Oh, Dios Eterno, Tu misericordia
Ni una sombra de duda tendrá…
Nada me falta pues todo provees
Grande, Señor, es Tu fidelidad¹
1 Thomas O. Chisholm, trad. Honorato Reza, “Grande es Tu fidelidad” (1923).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
