Mayo 6
«Han hecho bien en compartir conmigo en mi aflicción. Ustedes mismos también saben, filipenses, que al comienzo de la predicación del evangelio, después que partí de Macedonia, ninguna iglesia compartió conmigo en cuestión de dar y recibir, sino solamente ustedes». Filipenses 4:14-15
Ser cristiano es ser un receptor y un dador.
Muchos de nosotros hemos sido educados en la importancia de tener una cuenta de retiro a la cual hacemos contribuciones constantes. Sin embargo, aunque sería incorrecto que ignoráramos por completo la idea de tomar buenas decisiones financieras, como creyentes también debemos considerar dar e invertir a la luz de la eternidad.
En su carta a la iglesia en Filipos, el apóstol Pablo elogió a sus hermanas y hermanas en Cristo por su disposición por «compartir» en su «aflicción», una asociación que incluía compartir y dar bienes materiales. La generosidad de los filipenses se destacó porque marcó un contraste notorio con la falta de apoyo que Pablo recibió de otras iglesias. Aunque la iglesia apenas comenzaba, los creyentes de Filipos decidieron desde el principio que sostendrían al apóstol en su obra en el evangelio.
Su apoyo hacia Pablo no solo fue destacado, sino también duradero. La generosidad de los filipenses no era esporádica. Más bien, estaba marcada por la consistencia y la continuidad a medida que lo ayudaban en su necesidad una y otra vez. Aunque había pasado una década desde que Pablo les había predicado el evangelio por primera vez, estos hombres y mujeres seguían comprometidos.
Su generosidad no fue el resultado de un brote emocional único, ni el producto de una manipulación externa. No; esta iglesia temprana dio, sabiendo que todo lo que poseían les había sido dado gratuitamente. De hecho, al enviar a Sus discípulos, Jesús les recordó: «de gracia recibieron, den de gracia» (Mt 10:8). En otras palabras, el fundamento de una colaboración sacrificial, generosa e ingeniosa es la gracia de Dios. Este fundamento es establecido cuando entendemos que todo lo que somos y todo lo que tenemos (todos nuestros recursos, dones y talentos) provienen de Él.
No todos tenemos los mismos dones ni la misma capacidad para dar; ¡y la generosidad monetaria ciertamente no es la única manera de mostrar benevolencia! Sin embargo, ya que todos somos receptores de lo que Dios nos ha dado, debemos buscar cómo compartirlo con otros. Dios nos ha puesto juntos, a propósito, con el objetivo de que cada uno dé «según la gracia que nos ha sido dada» (Ro 12:6). No deberíamos dar simplemente porque hemos sido manipulados, ni por haber escuchado un canto conmovedor que nos llevó a las lágrimas, ni deberíamos dar para colocar nuestro nombre en algún edificio o banca. No; deberíamos dar por una razón y solo una: porque Dios nos ha dado todo gratuitamente y con generosidad.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
