Marzo 19
“Curan a la ligera el quebranto de la hija de Mi pueblo, diciendo:
Paz, paz; pero no hay paz”. Jeremías 8:11
Al enfrentar una enfermedad seria, ninguno de nosotros quisiera recibir tratamiento de un médico incompetente. Imagina asistir con un doctor cuyo remedio para la gangrena fuera simplemente ponerle una bonita venda, ofrecerte una estrellita por tu buena actitud y decirte que pases una tarde agradable. Puede que te haga sentir mejor, pero no tratará el problema… ¡y pronto terminarás sintiéndote considerablemente peor!
En la época del Antiguo Testamento, el rol del profeta era hablar la Palabra de Dios y llamar a Su pueblo a obedecer Su pacto. Dios ponía palabra en la boca de los profetas y ellos anunciaban lo que Él decía, no lo que ellos mismos tenían en mente. Con frecuencia, su mensaje era: ¡Cuidado! ¡Ya viene el juicio. ¡No exactamente una declaración agradable!
Ya que el mensaje de Dios era tan retador, abundaban los falsos profetas y, de alguna manera, ellos tenían lo mejor de los dos mundos. Eran conocidos como profetas y podían andar por allí haciendo afirmaciones extraordinarias, pero también podían decirle al pueblo cualquier cosa que el pueblo quisiera escuchar. El falso profeta era como un mal médico que les dice a las personas que todo saldrá bien cuando, en realidad, el pronóstico es terrible. Es maravilloso escuchar que todo está bien y que tu tierra está en paz… hasta que el enemigo aparece sobre el horizonte. Entonces, tendrás que estar preparado.
Mientras que los verdaderos profetas hablaron del juicio venidero de Dios, su mensaje también advirtió al pueblo de la autocomplacencia y los animó a no desesperarse. Dios siempre ha garantizado Su compromiso con Su pueblo y les ha prometido un futuro maravilloso. La única esperanza frente al juicio no es encontrar refugio aparte de Dios, sino en Él.
Los falsos profetas aún abundan en nuestro tiempo. Sus palabras se revelan en los cumplidos del presentador promedio: “Ustedes son el mejor grupo que esta comunidad ha conocido jamás. El futuro está en sus manos. ¡Están listos para volar alto!”. No obstante, estas mismas palabras vacías también se escuchan en demasiadas iglesias, con enseñanzas que consisten en generalidades ambiguas y en verdades a medias supuestamente inspiradoras para los oyentes… y una verdad a medias es también una mentira a medias.
Necesitamos verdaderas voces proféticas en nuestra época tanto como el pueblo de Dios las necesitaba en la de Jeremías. Nuestras iglesias, nuestra nación y nuestro mundo necesitan que los que tienen el valor para hablar la verdad hablen del pecado, insistan en que Dios tiene estándares éticos, adviertan sobre el juicio, anuncien el regreso futuro de Jesús y, por lo tanto, puedan señalar con persuasión hacia el Único que puede salvar, incluso si esto les genera burlas y rechazo.
Pídele a Dios que levante individuos que estén preparados para retar a sus oyentes con la Palabra de Dios en sumisión a Su Espíritu. Ora para que, cuando escuches la Palabra de Dios predicada con verdad, te cuides de la autocomplacencia, estés dispuesto a escuchar y listo para refugiarte en Dios, tu única esperanza. Y ora para que, en tu vecindario y en tu trabajo, tú seas esa voz.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
